El poder transformador de un anuncio

Marcos 16 RVR1960|1 Cuando pasó el día de reposo,[a] María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol.

Hay mañanas que marcan el resto de la historia, y esta fue una de ellas. Todavía estaba oscuro cuando una mujer caminó hacia un sepulcro cargando especias, lágrimas y una pregunta sin respuesta. Ella no iba a encontrar un tesoro, sino que iba a cuidar un cadáver; y sin embargo, el Dios que se goza en escoger lo débil para avergonzar lo fuerte decidió que la primera persona en recibir el mensaje más grande de la historia fuera María Magdalena, una mujer que había conocido el abismo y había sido sacada de él por pura gracia.

El Resucitado no se limitó a mostrarse, sino que envió un mensaje. El encuentro con Jesús vivo no se quedó en la emoción, sino que se convirtió en su misión. Las palabras que salieron de Su boca aquella mañana fueron tres verbos que todavía siguen moviendo a la Iglesia: Ve, di y anuncia. Y lo más profundo es esto, es que ese anuncio no sólo transforma a quienes lo escucharon, sino que transforma primero a quien lo llevó.  María llegó llorando al sepulcro, y salió corriendo como mensajera. Hoy el Espíritu quiere llevarte al huerto, ponerte frente al Resucitado, y enviarte con una nueva noticia que el mundo necesita oír.

Antes de hablar, fue llamada por su nombre
Juan registra que el primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Observa dónde estaba ella: En la oscuridad, en el dolor, buscando a un Jesús muerto, y es ahí, en medio de su llanto, donde el Señor se le acerca; ella lo ve y no lo reconoce, piensa que es el hortelano. 

Cuántas veces Jesús está frente a ti en medio del proceso, y no lo reconoces, porque tienes los ojos demasiado llenos de lágrimas o demasiado fijos en la tumba. Entonces ocurre el momento que cambia todo: Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! No fue un argumento lo que la despertó, ni una explicación teológica; fue su nombre, pronunciado por la voz del Señor. 

Esa es la clave de todo anuncio verdadero, porque no puedes anunciar lo que no has escuchado personalmente. El Señor la llamó por su nombre, el nombre de una mujer que otros habían reducido a su pasado y en esa voz ella encontró su identidad, su sanidad y su asignación. Hay un evangelio que se enseña, y hay un evangelio que arde; y el que arde es el que ha pasado por el huerto de la resurrección. Si hoy sientes que tu anuncio se ha enfriado, no necesitas más técnica. Necesitas volver al lugar donde el Maestro pronunció tu nombre.

La comisión llegó justo cuando ella quería quedarse
María quiso aferrarse a Jesús, y el Señor le respondió: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. María deseaba quedarse abrazada a lo que había recuperado, pero el Señor la redirigió de la contemplación hacia su misión. Había un mensaje que no podía esperar, y unos discípulos escondidos tras puertas cerradas que necesitaban escucharlo.

Fíjate en la ternura de esa palabra: hermanos. Los mismos que lo habían abandonado, los que huyeron en la noche del prendimiento, seguían siendo llamados así.  La cruz no canceló el amor del Señor por su fallas, sino que los selló; y María fue la escogida para llevar ese mensaje a los quebrados, a los avergonzados, a los que creían que su caída los había descalificado para siempre.

Dios está levantando hoy mensajeros que no esperan credenciales humanas, porque llevan la comisión del Resucitado. A veces el cielo escoge exactamente lo que los hombres descartan. Si Dios te ha enviado, no le pidas permiso a la oscuridad, tu comisión no depende de tu pasado, de tu edad ni de tu historia; depende de que el Señor te haya hablado, y de que tú te levantes a obedecer.

Un mensaje sencillo cargado de poder real
El texto dice: Fue María Magdalena para dar las nuevas a los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas. Mira qué sencillo fue su mensaje: He visto al Señor. Ella no elaboró un tratado, ni mucho menos defendió una tesis; sino que declaró un hecho que había cambiado su realidad entera.

Porque el poder del anuncio no depende de la elocuencia de quien habla; depende de la verdad viva que lo respalda. Pablo lo confirma al decir: No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Cuando se anuncia con fe, las puertas que estaban cerradas se abren, los corazones endurecidos se quiebran, y los desesperanzados vuelven a respirar.  Aquella mañana, un anuncio sencillo encendió una cadena que alcanzó a los apóstoles, a Jerusalén, a Roma, a través de los siglos, y hasta ti. Estás leyendo esto hoy porque alguien, en algún momento, decidió no callar.

Amado lector, aquella mañana, María recorrió el camino del sepulcro al aposento con las mismas piernas cansadas, pero con un corazón nuevo. Había ido a buscar a un muerto, y regresó cargando al Viviente en su testimonio. Esa es la ruta de todo creyente, del llanto al encuentro, del encuentro a la comisión, y de la comisión al anuncio que cambia destinos. El Señor no te encontró para que guardaras la noticia, sino para que corrieras con ella para anunciarla. Hay una piedra que fue quitada, para que la tumba quedara vacía, y una voz que todavía sigue diciendo tu nombre, así que escúchala, levántate y ve. Amen. 

Mateo 28:20 RVR1960|enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

¿A quién te está enviando el Señor hoy con la noticia de que vive? Tu anuncio no necesita ser perfecto, necesita ser genuino. Comparte esta palabra con alguien que todavía está esperando escuchar que la piedra ya fue removida.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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