La palabra de Dios no vuelve vacía

Isaías 55:11 RVR1960|así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

En Génesis, Dios no construyó el universo con herramientas. Lo habló; sea la luz: y fue la luz. No hubo proceso, no hubo materiales previos, no hubo intento, Dios dijo, y la palabra obedeció. Eso debería abrir nuestros ojos, porque Pablo escribió que por fe entendemos que el universo fue constituido por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Todo lo que hoy puedes tocar  las montañas, el mar, tu propio cuerpo,  tiene su origen en una palabra hablada, no en materia preexistente. Esto no es un dato curioso sobre la creación, sino la clave de cómo funciona el reino de los cielos hasta hoy.

La Palabra tiene autoridad que el enemigo no puede contradecir
Cuando Jesús enfrentó a Satanás en el desierto, no entró en debate ni presentó argumentos propios. Tres veces el enemigo lo tentó, y las tres veces Jesús le respondió con la misma arma, y fue: Escrito está. No negoció, ni mucho menos intentó convencerlo con su propia lógica, sino que Declaró la palabra de Dios, y el enemigo se retiró. El libro de Hebreos describe que la palabra es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. No es una descripción poética de lo inspiradora que puede ser la Escritura, sino una declaración de poder que penetra donde ningún argumento humano puede llegar. Cuando el enemigo te acuse, cuando la duda intente sofocarte, tu defensa es la misma palabra que Jesús usó en el desierto.

Lo que hablas tiene peso, porque viene de lo que crees
Aquí está el secreto que muchos pasan por alto, y es ese  poder creativo no se quedó encerrado en el trono de Dios, sino que se transmite a quien cree, recibe y declara esa palabra. La muerte y la vida están en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos. No es casualidad que Salomón lo dijera así,  porque las palabras que pronuncias no son neutras. Jesús mismo lo confirmó: De la abundancia del corazón habla la boca… es decir, que por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

Esto significa que cuando declaras sobre tu situación lo que Dios ya dijo en Su Palabra, no lo que sientes, no lo que parece, sino lo que Él escribió, no estás haciendo un ejercicio de pensamiento positivo, sino que estás alineando tu boca con una autoridad que ya fue establecida desde el trono. La fe no inventa realidades nuevas; sino que se apoya en lo que Dios ya declaró, y lo confiesa con convicción aunque todavía no lo veas cumplido.

Amado lector, hoy, cuando abras tu Biblia, cuando medites en una promesa, cuando decidas declarar sobre tu vida lo que Dios ya dijo en lugar de repetir lo que el miedo susurra, recuerda que no estás pronunciando palabras vacías. Estás participando del mismo principio con el que Dios trajo la luz a la oscuridad. Él habla, y la realidad se alinea con Su voz; así que llena tu boca de lo que Dios ya declaró sobre ti, y no de lo que las circunstancias todavía insisten en repetir. Amen.

Salmos 119:11 RVR1960|En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.

¿Has estado declarando lo que sientes en vez de lo que Dios ya dijo? Hoy puedes alinear tu boca con Su Palabra, que nunca vuelve vacía. Comparte esta palabra con alguien que también necesita recordar el poder de lo que confiesa.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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