Santiago 2:17 RVR1960|Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Dios no está interesado en lo que dices creer; está interesado en lo que tu fe hace. Porque hay una fe que habla, y una fe que camina; una fe que se queda en los labios, y una que baja a las manos, a los pies, a la vida entera. Por eso el Espíritu Santo, por medio de Santiago, te confronta con una verdad que no admite maquillajes, y es que la fe que no produce nada no está dormida; sino que más bien está muerta.

Jesús mismo se acercó una vez a una higuera llena de hojas, y al no hallar higos, la declaró estéril, sin importarle cuán frondosa se viera por fuera. Dios no se agrada de un árbol lleno de apariencia sin fruto real. Él no viene a condenarte, viene a buscar frutos, porque donde hay vida verdadera, siempre hay algo más que mostrar.
Lo invisible se conoce por lo que produce
Escucha lo que dice la Palabra: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. La fe es una semilla invisible, y lo invisible se conoce por su fruto. Nadie ve la savia que sube por el tronco, pero todos ven lo que cuelga de la rama; así también tu fe, escondida en el santuario de tu corazón, tiene que salir a la luz en tu manera de hablar, de perdonar, de servir, de obedecer. Dios no te está pidiendo que fabriques obras para ganarte Su amor; te está mostrando que la fe que Él mismo plantó en ti tiene vida, y la vida no se queda quieta. Una semilla viva no permanece enterrada para siempre, tarde o temprano rompe la tierra. Si dentro de ti hay una fe viva, hay un movimiento santo que te empuja hacia la obediencia, esa obediencia es exactamente la evidencia de que lo que llevas dentro no está muerto.
Abraham no se detuvo en creer, caminó hasta el monte
Mira el ejemplo que el Espíritu te pone delante: ¿No fue justificado por las obras nuestro padre Abraham, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Abraham no solo creyó la promesa, se levantó de madrugada y la obedeció. Su fe caminó tres días hacia el monte, subió con la leña, con el fuego, con el cuchillo, y en cada paso se iba perfeccionando.
Hay promesas que el Señor te ha dado que están esperando que des el paso de obediencia. Hay puertas que no se abren con el pensamiento, se abren con la acción de fe; cuando Abraham levantó el cuchillo, el cielo se movió, y el Dios que provee abrió el camino. No esperes que el cielo se mueva mientras tú te quedas sentado, porque el Señor honra la fe que se levanta, se mueve y camina.
Tu fe se vuelve pan cuando deja de mirarse a sí misma
Santiago continúa con una enseñanza muy práctica: Si un hermano o una hermana están desnudos y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? La fe que nunca se convierte en pan para el hambriento, en palabra de consuelo para el quebrantado, en tiempo para el que está solo, se quedó atrapada en el discurso.
Un árbol no come sus propios frutos; los entrega al caminante cansado. Así es el creyente lleno de fe viva, su casa se vuelve refugio, su oración se vuelve cobertura y su vida se vuelve testimonio. Dios te bendijo para que fueras de bendición, te consoló para que consolaras a otros, y te salvó para que fueras instrumento de salvación en la vida de los que te rodean. Ahí es exactamente donde tu fe se vuelve fructífera, cuando deja de mirarse a sí misma, y empieza a mirar la necesidad del que tienes al lado.
Amado lector, hoy el Señor está examinando el huerto de tu vida, no para arrancarte, sino para podarte y hacerte más fructífero. Cada vez que te llama a dar un paso de obediencia, te está dando la oportunidad de demostrar que tu fe está viva; no te conformes con ser una persona de muchas palabras y pocos frutos. Levántate con una fe que cree, que obedece y que sirve. Que de tu vida fluya el amor, la verdad, y el fruto que permanece. Amen.
Santiago 2:26 RVR1960|Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.
¿Tu fe se ha quedado en palabras mientras el cielo te invita a la acción? Hoy puedes dar el paso que la convierte en fruto visible. Comparte esta palabra con alguien que también necesita levantarse a caminar con lo que cree.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960