Lo que enterré, Dios lo resucita

Jonás 2:5-6 NTV| 5 »Me hundí bajo las olas y las aguas se cerraron sobre mí; las algas se enredaban en mi cabeza. 6 Me hundí hasta las raíces de las montañas. Me quedé preso en la tierra, cuyas puertas se cierran para siempre. Pero tú, oh Señor mi Dios, ¡me arrebataste de las garras de la muerte!

Jonás tenía un llamado claro: ir a Nínive y predicar, y en vez de obedecer, se fue en la dirección contraria. No fue un descuido, ni mucho menos distracción; fue una decisión consciente de huir de lo que Dios ya le había dicho; y el resultado de esa desobediencia no fue simplemente un mal momento, fue quedar literalmente sepultado en el vientre de un pez, en el fondo del mar, con algas enredadas en la cabeza, y describiendo su propia experiencia con la palabra más dura que existe: Sepultura.

¿Te das cuenta de la imagen? Jonás no sólo desobedeció. Su desobediencia lo enterró; enterró su llamado bajo capas de agua, de oscuridad, de distancia de la voluntad de Dios. Y así es exactamente como funciona cuando tú decides ir en dirección contraria a lo que Dios ya te dijo: el llamado no desaparece, pero sí queda enterrado bajo las consecuencias de tu propia decisión.

Tu desobediencia no cancela tu llamado, lo entierra
Aquí hay algo que necesitas entender bien, y es que Dios nunca canceló el llamado de Jonás. Nínive seguía necesitando ese mensaje. El propósito seguía en pie, lo que cambió fue el camino, un camino que ahora pasaba por la oscuridad, por el fondo del mar, por una sepultura que Jonás mismo buscó al huir.

Y esto es exactamente lo que pasa cuando decidimos actuar por nuestra propia cuenta, ignorando lo que Dios ya habló. Tu llamado a servir, a restaurar el matrimonio, a dejar ese hábito, a perdonar, a empezar ese proyecto que Dios puso en tu corazón no desaparece solo porque tú decidiste huir de Él; sino que se entierra, y cada decisión de desobediencia añade una capa más de tierra encima. Más distancia, más oscuridad, más cerrojos, como dice el propio Jonás, que parecen cerrarse para siempre.

En el fondo de tu propia sepultura, Dios todavía te escucha
Fíjate en algo poderoso: Jonás oró desde adentro del pez, no esperó a salir para clamar a Dios, sino que clamó exactamente desde el lugar más oscuro y enterrado de su propia desobediencia. Y Dios lo escuchó ahí mismo, sin exigirle primero que se arreglara, sin condicionarlo a que primero saliera de su error; nada de eso sucedió, porque Dios estaba escuchando la oración de un corazón arrepentido. 

Esto debería liberarte hoy, si sientes que tu llamado quedó enterrado bajo años de decisiones equivocadas, no necesitas estar afuera de tu error para que Dios te escuche. Puedes clamar exactamente desde donde estás, desde tu propio fondo del mar, desde tus propios cerrojos que parecen definitivos. Dios no espera a que resuelvas tu situación para empezar a moverse, sino que empieza a moverse en el momento en que tú te vuelves hacia Él.

Cuando dejas que Dios dirija, lo extraordinario se vuelve normal
Lo que pasó después es lo que más debería sacudirte: Dios habló al pez, y el pez vomitó a Jonás en tierra firme. Un animal marino, gigantesco, obedeciendo la instrucción exacta de Dios sobre cuándo y dónde soltar a un hombre. Eso no es coincidencia, es lo que sucede cuando dejas que Dios dirija tu historia en vez de seguir escribiéndola tú solo.

Y no se detuvo ahí. Jonás, el mismo hombre que había huido, terminó predicando en Nínive un mensaje tan poderoso que toda la ciudad se arrepintió, dice el texto. Lo que la desobediencia había enterrado, la obediencia lo resucitó con un fruto que superó por completo lo que Jonás mismo hubiera imaginado si simplemente hubiera obedecido desde el principio, sin pasar por el fondo del mar.

Amado lector, tu desobediencia puede haber enterrado cosas que Dios había puesto en ti, un llamado, una relación, un propósito, una versión de ti que empezó a apagarse cuando decidiste ir en tu propia dirección. Pero ninguna sepultura es tan profunda que la mano de Dios no pueda alcanzarla; lo que tú enterraste con tus decisiones, Dios todavía lo puede sacar a la luz y muchas veces, con un fruto más grande del que hubieras tenido si nunca te hubieras apartado. La pregunta no es si tu llamado sigue vigente. La pregunta es si estás dispuesto, desde donde estés hoy, a dejar que Dios te dirija de nuevo.

Salmos 32:8 NTV|El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti.

¿Sientes que tus propias decisiones enterraron algo que Dios había puesto en ti? Hoy es el día para clamar desde donde estás y dejar que Él te dirija de nuevo. Comparte esta palabra con alguien que también necesita saber que su llamado no está cancelado solo esperando a ser resucitado.

Con amor,
Sandra Patricia Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
NTV| Nueva Traducción Viviente

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