Salmo 34:1-3 RVR1960|1 Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca. 2 En Jehová se gloriará mi alma; Lo oirán los mansos, y se alegrarán. 3 Engrandeced a Jehová conmigo, Y exaltemos a una su nombre.
David llegó a la cueva con la dignidad por el suelo; pocos días antes había tenido que fingirse loco delante de los filisteos para salvar su vida: rayando las puertas, dejando caer saliva por la barba. El hombre que venció a Goliat y a quien todo Israel cantaba, ahora huía sin casa, sin trono y sin respuestas.

Y en esa cueva empezó a llegar gente. La Biblia dice que se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu. Cuatrocientos hombres rotos, buscando adónde ir. Fue en ese momento, humillado, escondido y rodeado de heridos, cuando David escribió el Salmo 34. Y hay algo que me llama poderosamente la atención, y es que en todo el salmo, el nombre de Saúl no aparece ni una sola vez; ni una queja, ni un plan de venganza, ni mucho menos una lista de ofensas; solo adoración.
Lo que engrandeces con la boca crece ante tus ojos
Bendeciré a Jehová en todo tiempo. Fíjate que no dice cuando las cosas mejoren; dice en todo tiempo, también en el tiempo de la cueva. Y nos hace una invitación: Engrandeced a Jehová conmigo. Piensa en esto: ¿de qué se llena tu boca cuando estás en tu propia cueva? Si pasas los días hablando de quien te hirió, de lo que te hicieron, de lo injusto de tu situación, eso se va haciendo gigante en tu mente; y el Espíritu Santo, sin que te des cuenta, se va aislando de tu vida.
Pero cuando decides engrandecer a Dios, pasa lo contrario; tu problema sigue ahí, pero ya no ocupa sus pensamientos. David lo vivió así. Él veía una cueva, pero confesaba otra cosa: El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Él tenía un campamento de cuatrocientos hombres heridos; pero Dios tenía un campamento de hombres siendo transformados y que al día de hoy siguen siendo conocidos como los valientes de David.
Aun herido, David se puso a sembrar en otros
Ahora imagina la escena. David, que también estaba perseguido, que también estaba herido, que tampoco tenía casa, mira a esos hombres rotos y les dice: Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré. No esperó a que su situación se arreglara; no dijo primero déjenme resolver lo mío; sino que los llamó hijos y se puso a sembrar en ellos. Y a los que estaban destrozados por dentro les dio una verdad muy tierna: Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. No les dio un discurso motivacional, les dio la presencia de Dios.
Esos hombres entraron a la cueva como un grupo de descontentos, y muchos de ellos terminaron siendo los valientes de David; porque alguien se tomó el tiempo de enseñarles, en medio de la crisis. Quizás hoy Dios puso a tu lado a personas heridas, en tu casa, en tu iglesia, en tu trabajo; no esperes a estar perfecto para sembrar en ellos. A lo mejor son justo quienes Dios está levantando para lo que viene.
Con lo que tienes en la mano
¿Qué tenía David en esa cueva? Una cueva sin comodidades, cuatrocientos hombres sin entrenamiento, una voz, un arpa y un corazón que había aprendido a buscar a Dios. No tenía palacio, ni ejército, ni respaldo; pero no esperó a tener más para empezar a ser lo que Dios lo había llamado a ser. Compuso un salmo en la cueva; enseñó en la cueva; formó a los quebrantados en la cueva.
Saúl gastaba sus fuerzas persiguiéndolo, pero David gastaba las suyas adorando, enseñando y construyendo, y mientras uno se vaciaba, el otro se iba fortaleciendo. Eso no significa que David no tuviera aflicciones, el mismo salmo lo dice: Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová. No promete que no habrá aflicciones; promete que Dios te sacara de todas ellas.
Amado lector, quizás hoy estás en tu propia cueva, rodeado de personas heridas, con pocos recursos y con una persecución que no cesa, y la tentación es gastar tus fuerzas en explicar, responder y contraatacar. Escucha lo que dice este salmo: enfócate en el propósito de Dios y no en la lanza de tu perseguidor. Abre tu boca para engrandecer al Señor, y verás cómo tus circunstancias se achican. Mira a los que llegaron a tu cueva y no los desprecies, porque los afligidos de hoy pueden ser los valientes de mañana si le enseñas el temor de Jehová. Trabaja con lo que tienes en la mano, por poco que sea, porque la cueva no es el final de tu historia, es el taller donde Dios arma el equipo que te va a acompañar cuando llegue tu día. Amén.
Salmo 34:8 RVR1960|Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él.
¿De qué se llena tu boca hoy, de tu problema o de Dios? Comparte esta palabra con alguien que está en su propia cueva y necesita levantar la mirada.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960