La lanza que David devolvió

1 Samuel 24:6 RVR1960|Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová.

En los últimos dos mensajes vimos la lanza que se clavó en la pared y la casa donde un rey desvariaba mientras un joven ungido seguía tocando. Hoy la escena se invierte; ahora es David quien tiene la oportunidad, y Saúl quien está indefenso. Cualquiera puede ser manso cuando no tiene alternativa.

Tu carácter aparece cuando tienes todo para hacer daño y escoges no hacerlo. La Escritura dice que Saúl entró a una cueva para cubrir sus pies, y que David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva. El mismo lugar donde David se escondía de la lanza se convirtió en el lugar donde su alma iba a ser probada. A veces Dios te esconde en una cueva no solo para protegerte, sino para formarte.

No toda puerta abierta es una orden del cielo
Escucha lo que le dijeron los hombres de David: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Fíjate en esa voz. Usaron el lenguaje de la profecía, hablaron de lo que Jehová había dicho, y las circunstancias parecían alinearse a la perfección: el enemigo solo, desarmado, entregado. Aquí hay una revelación profunda, y es que no toda puerta abierta es una puerta de Dios. Una cosa es que Dios permita una circunstancia, y otra muy distinta es que El la autorice. La oportunidad estaba ahí, pero en realidad no era una oportunidad, sino una prueba.

David lo entendió. El Dios que lo había ungido no iba a pedirle que llegara al trono derramando la sangre del ungido. Y por eso respondió sin dudar: Jehová me guarde de hacer tal cosa. No negoció ni calculó las ventajas; su carácter ya estaba formado antes de que llegara el momento. Así puede sucederte a ti, habrá gente a tu alrededor, con buena intención o con ambiciones, que te susurraran que este es el día de cobrártelas, de responder, de destapar. Pídele a Dios que te de la firmeza de David para decir que no, aunque todos digan que sí.

Un corazón sensible te protege de las grandes caídas
Hay un detalle que casi pasa inadvertido, y es que David calladamente cortó la orilla del manto de Saúl, y la Escritura dice que después de esto se turbó su corazón. Mira que David no había herido a Saúl; apenas había cortado el borde de una prenda, y su conciencia lo reprendió.

El hebreo dice literalmente que su corazón lo golpeó, y es el mismo verbo que usó Saúl cuando dijo que iba a clavar a David; Saúl tenía una lanza lista para golpear sin sentir culpa, pero David tenía un corazón que lo golpeaba a él ante la más pequeña desviación. Esa es la diferencia entre un corazón endurecido y uno rendido; porque el primero justifica lo grande, el segundo se duele de lo pequeño; y el corazón que se duele de lo pequeño es el que Dios puede cuidar de lo grande, porque quien se deja corregir en la orilla del manto nunca llegará a extender la mano contra el ungido.

El carácter de un líder se mide también por lo que no permite que se haga a su alrededor. David pudo haber dejado que sus hombres hicieran lo que él no se atrevía, y lavarse las manos después; pero en vez de eso, asumió la responsabilidad de contener la violencia. Después salió de la cueva, se inclinó con el rostro en tierra y le mostró a Saúl la orilla del manto, no como un trofeo, sino como prueba de que su mano no estaba contra él. Y Saúl alzó la voz y reconoció su accionar: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. El enemigo no fue vencido por la espada, se le venció con integridad.

Quien entrega su causa al Juez justo no necesita la lanza
Años después, la prueba se repitió con más fuerza; David y Abisai bajaron de noche al campamento y encontraron a Saúl dormido, con la lanza clavada en tierra a su cabecera. Abisai dijo: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tus manos, y se ofreció a usar esa misma lanza, de un solo golpe.

Ahí está la ironía más fuerte de toda la historia, porque la lanza que años atrás voló contra David estaba ahora a un palmo de la cabeza de su dueño. La justicia parecía perfecta, pero David respondió: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente?

Fíjate bien: David no dijo que Saúl no mereciera juicio; dijo que ese juicio no le correspondía a él; dejó la causa en manos del único Juez que juzga con justicia. Es lo que escribe Pablo: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Entonces David tomó la lanza y la vasija de agua, y desde lejos dijo: He aquí la lanza del rey; pase acá uno de los criados y tómela. Tuvo el instrumento de su herida en las manos y lo devolvió sin usarlo; eso es carácter. Fíjate en su sabiduría; Saúl lloró y reconoció que había pecado, pero David no volvió a la corte ni se entregó a su confianza. Siguió su camino hacia el lugar seguro, porque perdonar no es ingenuidad. David soltó la ofensa sin soltar la prudencia.

Amado lector, las cuevas por las que atraviesas son escuelas que te están formando. Quizás hoy tienes en la mano la posibilidad de responder, de exponer, de devolver el golpe, y quienes te rodean te dicen que este es el día. El Espíritu te dice que no toda puerta abierta es voluntad de Dios, que tu corazón debe seguir sensible hasta en lo pequeño, y que tu causa está más segura en las manos del Juez justo que en las tuyas. David llegó al trono con las manos limpias porque, en la hora de la prueba, escogió ser gobernado por Dios y no por su dolor. Y así como lo levantó a él, Dios levantará a todo aquel que aprenda a esperar. Amen.

Proverbios 16:32 RVR1960|Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.

¿Tienes hoy la lanza en la mano? Devuélvela y deja tu causa en las manos de Dios. Comparte esta palabra con alguien que necesita escoger el carácter en vez de la venganza.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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