Que las lanzas no te detengan

1 Samuel 19:10 RVR1960|Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.

Hay momentos en el camino de un siervo de Dios en que la hostilidad no viene de un filisteo, ni de un gigante, sino de la casa, de alguien a quien le sirves; y así le pasó a David. Había vencido a Goliat, el pueblo cantaba su nombre, Dios lo había levantado, y aun así, la mayor amenaza de su vida no estaba en el valle de Ela; estaba en la sala del trono.

Y fíjate en la ironía, la Escritura dice que cuando el espíritu malo atormentaba al rey Saúl, David tomaba el arpa y tocaba, y el rey Saúl tenía alivio y estaba mejor; el hombre a quien Saúl intentó clavar a la pared era el mismo que le traía descanso al alma. Si alguna vez sentiste que mientras más fiel eres, más lanzas se levantan, esta palabra es para ti.

La lanza se forjó en el corazón de Saúl
Antes de levantar la lanza con la mano, Saúl ya la había levantado por dentro. Todo empezó el día en que las mujeres salieron cantando: Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles. El texto dice que Saúl se enojó en gran manera y pensó: A David dieron diez miles, y a mí miles; no le falta más que el reino.Y después viene una frase que da escalofrío: Desde aquel día Saúl miraba de mal ojo a David.

Fíjate bien, David no había hecho nada contra el rey; seguía sirviendo, tocando y portándose con prudencia. La herida estaba en Saúl, y el enemigo, que siempre aprovecha las grietas del alma, encontró en esa envidia un lugar donde quedarse; por eso la lanza no fue un arrebato, fue el fruto maduro de una semilla de celos que Saúl dejó crecer en secreto. La Escritura revela el fondo del asunto: Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con David, y se había apartado de Saúl. Saúl no le temía a su arpa ni a su honda, le temía a lo que no podía controlar ni comprar ni imitar, y era la presencia de Dios sobre aquel joven.

Escúchame bien: hay personas que no se levantan contra ti por lo que haces mal, sino por lo que Dios ha puesto sobre ti. Tu paz, tu fruto y tu favor le hablan en un lenguaje que su orgullo no soporta; pero ten cuidado, porque no toda crítica es una lanza. Antes de decir me persiguen, examina tu corazón, y pídele a Dios que te muestre si hay algo en ti que corregir, porque lo de David era distinto, no había falta, solo testimonio.

David siguió tocando, y Dios siguió guardándolo
Hay un detalle del texto que no podemos pasar por alto: David tocaba con su mano, como los otros días. Como los otros días; David no cambió su conducta porque el ambiente se cargó; no dejó de adorar, no dejó de servir, no dejó de ser fiel porque percibiera la tensión. La lanza estaba en la mano de Saúl, pero el arpa seguía en la de David.

Cuando todo a tu alrededor se enrarece, la tentación es cerrar el instrumento, endurecer el corazón y cambiar la melodía por un reclamo; pero la adoración no es la respuesta a un buen clima, es la postura de quien sabe quién lo sostiene.

Y mira lo que pasó; Saúl arrojó la lanza, diciendo: Clavaré a David a la pared, pero David lo evadió dos veces. Sin espada, sin escudo, sin guardias, sin discurso; sólo un corazón rendido y un Dios que lo cuidaba. Más adelante Saúl lo intentó una vez más, y el texto dice que David se apartó y que Saúl hirió con la lanza en la pared. Lo que fue lanzado para clavar a David terminó clavado en la piedra; el golpe tenía destinatario, pero Dios cambió la trayectoria.

Así obra el Señor con los suyos; muchas veces no quita la lanza de la mano del enemigo, pero sí gobierna dónde cae. Por eso dice la Palabra: Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová. Fíjate que no dice que no la forjarán, dice que no prosperará. Habrá lanzas, palabras y planes en la oscuridad, pero lo forjado contra ti no va a cumplir su propósito. No sobrevives por tu agilidad, sobrevives porque tienes un Dios que te cuidaba antes de que supieras que había una lanza. Cuántas veces te levantaste sin saber de cuántos golpes te libró, cuántas puertas no se abrieron, cuántas palabras no llegaron a oídos que las habrían usado contra ti. Dios tiene cuidado de ti.

Lo que se lanzó para clavarlo, Dios lo usó para formarlo
David huyó, y escapó aquella noche. Desde ese momento su vida cambió de escenario; dejó el palacio, la comodidad, el lugar junto al rey, y empezó el camino del desierto y las cuevas. Quien lo viera desde afuera pensaría que la lanza había logrado su propósito, pero lo que Saúl lanzó para clavarlo, Dios lo usó para soltarlo hacia su llamado.

En el palacio David era siervo del rey. En la cueva fue formado como rey, y de esas noches nacieron salmos que hoy consuelan a millones. El Salmo 59 lleva un título muy concreto: Cuando envió Saúl, y vigilaron la casa para matarlo. Es la misma noche; rodeado de hombres armados, David escribió: Pero yo cantaré de tu poder, y alabaré de mañana tu misericordia; porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia. La noche que debía ser su final terminó siendo el origen de una canción, y del Salmo 18 salió una declaración que muchos conocemos de memoria: Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador. Hay palabras de Dios que solo se oyen en las cuevas. Quizás hoy estás mirando lo que parece una pérdida, un cierre, un lugar que se cerró, y no ves que el Señor te está llevando a un sitio de formación donde tu arpa se va a convertir en salmos.

Y hay algo más que aprender de David: no devolvió la lanza. Después tuvo a Saúl en sus manos dentro de una cueva, y se negó a levantar la mano contra el ungido de Jehová, dejó que Dios fuera su defensor. Por eso dice la Palabra: No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal. La victoria de David no fue solo esquivar la lanza; fue no convertirse en lo que lo perseguía.

Amado lector, si hoy sientes que hay una lanza en el aire, no dejes de tocar el arpa. No abandones tu adoración y no cambies tu corazón por amargura; lo que se levantó contra ti ya fue visto por Aquel que nunca duerme, y lo que fue forjado para clavarte se va a clavar en la pared. Saúl tenía la lanza, pero David tenía la presencia. Y cuando Dios está con un siervo, ninguna mano, por poderosa que parezca, detiene lo que el cielo ha determinado. Levántate con paz, porque no vas solo, lo que hoy parece persecución, mañana será testimonio. Amén.

Romanos 8:31 RVR1960|¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

¿Sientes que hay una lanza en el aire? No dejes de tocar, Dios sigue guardándote. Comparte esta palabra con alguien que necesita seguir adorando en medio de la oposición.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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