Juan 20:11 RVR1960|Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
Hay lágrimas que nadie ve, y María Magdalena es el retrato de un corazón herido que se levantó antes del amanecer porque no soportaba el silencio de la pérdida. No tenía un plan ni una estrategia, sino amor, y ese amor la llevó a un sepulcro donde creía que solo iba a encontrar muerte. Y ahí está lo profético de su historia, porque el lugar donde más lloró se convirtió en el lugar donde más claro escuchó la voz de Dios; ella llegó a la tumba a llorar a un muerto y salió como la primera mensajera de la resurrección. Y si hoy tú estás junto a un sepulcro, sea una pérdida, una promesa que parece muerta o un sueño sepultado, esta Palabra es para ti.

Tenía a Jesús detrás y no lo reconoció
El Evangelio dice: El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. No era una espectadora de lejos, había estado junto a la cruz cuando muchos huyeron, y ahora volvía a la tumba cuando muchos se escondían. Pero fíjate en lo que pasó, vio la piedra quitada, que era la señal de la victoria, y ella la interpretó como una pérdida; concluyó que se habían llevado a su Señor.
A veces lo que Dios ya abrió, nosotros lo leemos como un robo. Lloró, se inclinó, miró dentro del sepulcro, y dos ángeles le preguntaron: Mujer, ¿por qué lloras? Ella respondió con el sufrimiento que llevaba dentro: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Entonces ocurre lo más impactante de esta historia, y es que Jesús estaba allí, pero ella no sabía que era Jesús, pensó que era el hortelano. Escucha esta revelación: puedes tener a Jesús parado detrás de ti y no reconocerlo, porque tus ojos están llenos de lágrimas y fijos en lo que perdiste.
El dolor nos hace buscar entre los muertos al que vive. Y la pregunta que Él le hizo es la misma que te hace hoy: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Esa pregunta no es un reproche, sino una invitación a levantar tu mirada.
Reconoció la voz antes que el rostro
María no reconoció Su rostro, pero sí Su voz. Jesús pronunció una sola palabra: ¡María! Y ella, volviéndose, dijo: ¡Raboni!, que quiere decir Maestro. Qué poder hay en un nombre dicho por el Señor. Esta era la mujer de quien Jesús había echado siete demonios, la libertada, la que recibió una identidad nueva de Su mano; y en su peor noche, Él no le dio una explicación; le dio su nombre.
Así lo dijo Jesús mismo: A sus ovejas llama por nombre, y las saca. Fíjate que no la llamó por lo que había perdido ni por lo que había sido; la llamó por quién era en Él. Profetizo sobre ti que lo que la lógica no te explicó, Su voz te lo va a decir. Hay un momento en tu proceso en que Dios deja de hablar de tu situación y empieza a hablar de tu identidad; cuando Él pronuncia tu nombre, el sepulcro deja de ser el final de la historia y se convierte en el escenario de tu encuentro con el Resucitado.
Sus lágrimas se volvieron mensaje
Jesús no la dejó abrazada a la emoción del momento; le dijo: Ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Primero el encuentro, después el envío. Dios te sana para que vayas, porque quedarte llorando de gratitud no era el fin de la historia.
Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor. Ella, que llegó llorando y salió proclamando; fue la primera testigo de la resurrección, siendo mujer, con un pasado de opresión y un corazón quebrantado; y vale la pena notar que al principio muchos no le creyeron. Tu testimonio no siempre es recibido de inmediato, pero eso no lo hace menos verdadero. Ella igual lo dijo.
Dios eligió a la que más había llorado para anunciar que la muerte fue vencida. Tus lágrimas no son un obstáculo para tu llamado; son la tinta con la que Dios escribe tu testimonio. No fuistes llamado para esconder tu herida, estás llamado a contar lo que el Señor hizo, porque hay personas que solo van a creer el mensaje cuando lo oigan de labios de alguien que sufrió y encontró al Resucitado.
Amado lector, María llegó a la tumba con una pregunta y salió portando un mensaje. Ella entró buscando un cuerpo, pero encontró a un Señor vivo, y esa es la ruta que Dios traza para todo el que no se rinde en el dolor. Como dice la Escritura: Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.
Quizás hoy estás de pie junto a algo que murió, una relación, una promesa, un ministerio, una esperanza, y piensas que ya no queda más que llorar. Pero el Resucitado está detrás de tu llanto, y está pronunciando tu nombre; la piedra ya fue removida, y lo que parece una pérdida, es el comienzo de tu testimonio. Vuélvete, reconócelo, seca tus lágrimas y levántate a decirle a tu casa, a tu barrio, a tu generación: ¡he visto al Señor, y Él vive!
Salmo 30:11 RVR1960|Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.
¿Estás llorando junto a algo que murió? Jesús está detrás de tus lágrimas y ya dijo tu nombre. Comparte esta palabra con alguien que necesita volverse y reconocerlo.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960