Apocalipsis 3:19-20 RVR1960|19 Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. 20 He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
Fíjate dónde está esa puerta. Esas palabras no iban dirigidas a incrédulos ni a gente alejada, sino que iban para una iglesia, la de Laodicea, un grupo de creyentes que se sentían ricos y satisfechos, convencidos de que no les faltaba nada; y Jesús, con toda la paciencia del mundo, estaba afuera, tocando.
Antes de que esa puerta se abra, Él pronuncia una palabra que a muchos nos cuesta escuchar, y es arrepiéntete. Pero escucha cómo lo dice; lo dice cómo alguien que ama, porque Él mismo afirma que reprende a los que quiere. Cristo no está parado en el umbral de tu vida para avergonzarte, sino que está ahí porque te quiere cerca, y sabe que el camino hacia esa cercanía pasa por el arrepentimiento.

Arrepentirse es cambiar de mente
La palabra que usa el Nuevo Testamento para arrepentimiento es metanoia, que se forma de meta, cambio, y nous, mente; quiere decir que una persona empieza a pensar distinto. Cuando el Espíritu Santo alumbra tu interior, empiezas a ver el pecado como Dios lo ve, y a ver a Dios como Él realmente es. Por eso la primera predicación de Jesús fue: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. El Reino se acerca a una mente que se deja renovar.
Y aquí hay algo que casi nadie dice, y es que el pecado casi nunca empieza en las manos, empieza en la mente, en una mentira, en una excusa, en una distancia que te pareció razonable. Por eso el apóstol Pablo escribe: Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. Mientras la mente no se rinda, la conducta solo se maquilla; pero cuando la mente se postra delante de Dios, la vida entera empieza a ordenarse.
Cada paso de regreso te acerca a Él
El enemigo quiere que pienses que arrepentirte te aleja de Dios, que vas a quedar expuesto, que Él te va a mirar con decepción; más bien es todo lo contrario, porque el pecado levanta un muro, y el arrepentimiento abre una brecha por donde el cielo vuelve a tocarte. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Mira el orden: tú das un paso, y Él ya viene en camino. El salmista, sabía lo que era caerse y volver a levantarse, lo dijo así: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
Piensa en el hijo pródigo. Se fue lejos, gastó todo y tocó fondo; un día volvió en sí, se levantó y emprendió el camino de regreso. Y la Escritura dice: Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Ese padre no esperó a que el hijo terminara de ensayar su discurso, con ese primer paso ya le bastó para salir corriendo. Así es Dios contigo; lo que tú ves como una distancia enorme, Él la cubre en una carrera. Arrepentirte te lleva a los brazos del Padre.
El arrepentimiento verdadero deja marca
Pero hay arrepentimientos que no cambian nada, y vale la pena distinguirlos. El apóstol Pablo lo explica así: La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación; pero la tristeza del mundo produce muerte. La tristeza del mundo se lamenta de las consecuencias, de que te hayan descubierto, de lo que perdiste, y después vuelve a lo mismo. La tristeza según Dios te duele porque entendiste que ofendiste a un Padre que te ama, y por eso termina en un cambio real. Una te deja igual y más cansado. por cambio la otra te hace nuevo.
Y lo mejor es que no tienes que hacerlo solo. Dios mismo promete: Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Cuando el arrepentimiento es genuino, ocurre un trasplante divino; se quita lo que se endureció y se pone algo vivo. Empiezas a amar lo que antes ignorabas y a aborrecer lo que antes tolerabas; esa es la señal más clara de que el arrepentimiento fue de verdad, no solo lloraste, Dios te cambió por dentro.
Amado lector, quizás hoy el Señor está tocando una puerta que has mantenido cerrada. Algo que no has entregado, algo que has justificado, una distancia que se volvió costumbre. No le tengas miedo a la palabra arrepentimiento, porque es la que te abre el camino de regreso a casa. Cristo te está llamando, y su llamado es a renovarte y no a condenarte. Declaro sobre ti que tu mente será renovada, que todo endurecimiento será quebrado y que el Espíritu hará en ti una obra profunda y verdadera.
Si quieres, ora conmigo ahora mismo, y dile: Señor, cambio mi manera de pensar y me vuelvo a ti. Perdóname, límpiame y acércame a tu corazón; quita lo que se endureció y renuévame por dentro. Entra, cena conmigo y transfórmame. En el nombre de Jesús, amén.
Hechos 3:19 RVR1960|Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
¿Hay una puerta que has mantenido cerrada? Hoy Cristo sigue tocando, permítele entrar. Comparte esta palabra con alguien que necesita saber que arrepentirse es volver a casa.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960