La tierra tembló, pero Dios estuvo allí

Salmo 46:1-2 RVR1960| 1Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;

El viernes, a las 12:56 de la tarde, la tierra se movió bajo nuestros pies. Algunos estábamos en el trabajo, otros en la calle, otros en casa. Hubo quien salió corriendo, quien se quedó paralizado, quien agarró a sus hijos sin pensar en nada más, quien llamó a su mamá apenas pasó, y quien no pudo hablar porque se le cerró la garganta o por las líneas colapsaron. Para muchos fue la primera vez que sintieron algo así; y aunque duró segundos, nos dejó algo que no se acaba cuando el suelo se queda quieto, y es esa  sensación de que lo que creíamos firme puede moverse.

Lo que parecía firme se movió
Vivimos confiados en el piso, en el techo, en la rutina, en que mañana va a ser mejor que hoy, pero un temblor nos recuerda en segundos lo frágil que es todo eso. Dejas de pensar en tus planes, en tus pendientes, en tu agenda; solo te importa que tus seres queridos estén bien. El salmista conocía esa sensación; cuando escribió aunque la tierra sea removida, no hablaba de teoría. Sabía lo que era sentir que todo se mueve, y aun así dijo: Por tanto, no temeremos. No dijo que nunca iba a sentir miedo. Dijo que su confianza tenía otro fundamento, uno que no estaba hecho de tierra.

Antes de hablar, hay que acompañar
Gracias a Dios no hubo pérdidas humanas. Eso es misericordia, y hay que decirlo en voz alta. Pero hay familias que hoy tienen paredes agrietadas, negocios dañados, cosas que costaron años conseguir y que no se reponen de un día para otro, pero hay muchísima gente que, sin haber perdido nada material, todavía tiene el corazón agitado.

Escúchame bien: este no es momento de minimizar lo que otro siente ni de decirle pudo ser peor a quién está mirando su casa dañada. Es momento de preguntar cómo estás, de ofrecer una mano, de cocinarle algo al vecino, de llamar a esa persona que vive sola. Jesús nunca pasó de largo frente al dolor de nadie; si queremos parecernos a Él, nuestra primera respuesta ante el que sufre tiene que ser acercarnos.

Dios muchas veces cuida a los suyos a través de otros. A lo mejor tu llamada, tu comida o tu compañía es la respuesta que alguien estaba pidiendo, y con tus acciones, está siendo respondida. Seamos instrumentos en las manos de Dios.

Su cuidado también estuvo ahí
Mira cómo describe el salmo a Dios: amparo, fortaleza, pronto auxilio. No es un Dios lejano que mira desde arriba, es un auxilio que llega rápido, y llega en las tribulaciones, no después de que terminan.

Si estás agradecido porque tu familia está bien, no lo des por casualidad. Si hoy puedes contar el susto en vez de contar pérdidas mayores, fue el cuidado de Dios sobre tu vida y sobre nuestra ciudad. Él sostuvo lo que nosotros no podíamos sostener. Y si sufriste pérdidas, también escucha esto: tu dolor no pasó desapercibido. El mismo Dios que es amparo en el temblor es el que quiere reconstruir contigo lo que se dañó.

El mismo salmo dice más adelante: Estad quietos, y conoced que yo soy Dios. A veces Dios permite que todo se sacuda para que, en medio del ruido, dejemos de afanarnos por un momento y recordemos en quién estamos parados.

El temblor también fue una llamada
No sabemos todos los porqués de lo que pasa en la tierra, y no hace falta inventar explicaciones. Pero sí sabemos que hay momentos en que Dios usa lo que nos sacude para despertarnos. ¿Cuántas veces dijiste algún día voy a reconciliarme con esa persona, algún día voy a volver a la iglesia, algún día voy a ponerme a cuentas con Dios? El viernes nos recordó que el tiempo no es nuestro, que no tenemos garantizado el mañana, y que lo que dejamos para después puede que no tenga un después. Dios no quiere asustarte, quiere que despiertes, que corras a Su presencia, que ordenes tu casa, que hables lo que tenías pendiente y que dejes de postergar lo que Él ya te pidió. Esta no es una llamada de castigo. Es una llamada de un Padre que cuida de sus hijos.

Amado lector, si hoy todavía sientes el sobresalto, respira. Dios no se movió, empieza a ser agradecido, adóralo. Si hoy estás lamentando por cómo se ve tu entorno, adóralo; y si hoy sientes en el corazón que Dios te está llamando, no lo dejes para mañana, porque el día de tu salvación es hoy. Dios te bendiga.

2 Corintios 6:2 NVI| Porque él dice: «En el momento propicio te escuché  y en el día de salvación te ayudé».[a] Les digo que este es el momento propicio de Dios; hoy es el día de salvación

¿Sentiste el temblor? Dios sigue siendo tu amparo, y hoy es el momento de acercarte a Él. Comparte esta palabra con alguien que todavía tiene miedo o necesita saber que no está solo.

Con amor,
Sandra Patricia Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960
NVI|Nueva Versión Internacional

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