Grita más fuerte que los que quieren callarte

Marcos 10:48 RVR1960|Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!

Bartimeo estaba sentado junto al camino, mendigando, como probablemente lo había hecho durante años. Ciego, dependiente de la limosna de extraños, prácticamente invisible para la multitud que pasaba a su lado todos los días. Y cuando escuchó que era Jesús de Nazaret quien venía caminando, no se quedó callado esperando que alguien más le abriera paso. Empezó a gritar: ¡Hijo de David, Jesús, ten misericordia de mí! La respuesta de la multitud fue inmediata, lo reprendieron para que se callara; no fue Jesús quien lo silenció, fue la gente que rodeaba a Jesús, la misma gente que probablemente decía seguirlo, la que intentó apagar su clamor. Y aquí está lo que hace esta historia tan poderosa, y es que Bartimeo no bajó la voz, sino que gritó todavía más fuerte.

Quienes te rodean no siempre representan lo que Dios quiere para ti
Piensa en la ironía de esta escena, la multitud que acompañaba a Jesús, que debería haber sido la primera en abrirle paso a un hombre necesitado, fue exactamente la que intentó callarlo. Esto pasa más de lo que quisiéramos admitir, a veces las voces que intentan silenciar tu clamor no vienen de tus enemigos declarados, sino de personas cercanas, incluso de personas de fe, que por comodidad, por vergüenza social, o simplemente por no entender la urgencia de tu necesidad, te piden que bajes el tono, que esperes, que no seas tan intenso en tu búsqueda de Dios.

Bartimeo entendió algo que tú necesitas entender hoy, y es que su necesidad era más importante que la incomodidad de quienes lo rodeaban. No midió su clamor según lo que la multitud consideraba apropiado, sino lo midió según cuánto realmente necesitaba que Jesús se detuviera por él.

Jesús se detiene por el clamor que otros intentan silenciar
El texto dice que Jesús, deteniéndose, dijo: Llamadle. No fue la multitud quien decidió que Bartimeo merecía atención; fue Jesús mismo quien se detuvo en medio de Su camino, escuchando exactamente el clamor que otros habían intentado apagar. Esto revela algo esencial sobre el corazón de Dios, y es que Él escuchó el grito que el mundo religioso a veces prefiere ignorar.

Si hoy sientes que tu forma de buscar a Dios ha sido juzgada como excesiva, demasiado desesperada, demasiado ruidosa para el gusto de quienes te rodean, recuerda que fue precisamente ese clamor persistente el que hizo que Jesús se detuviera. No te disculpes por la intensidad de tu búsqueda; a veces esa misma intensidad es lo que separa a quienes reciben del Señor a de quienes simplemente observan desde la orilla del camino.

Bartimeo se despojó de lo único que tenía antes de levantarse
Hay un detalle pequeño pero significativo en el relato, y es que cuando lo llamaron, Bartimeo arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Esa capa probablemente era su posesión más importante, el abrigo que lo protegía del frío, quizás la única propiedad real de un mendigo ciego, pero la dejó tirada, y sin pensarlo dos veces, corrió hasta Jesús.

Esto te muestra el nivel de urgencia con el que Bartimeo respondió al llamado. No se detuvo a recoger cuidadosamente sus pertenencias, no calculó si sería prudente abandonar lo poco que tenía. Simplemente corrió hacia la voz que finalmente lo llamaba, dejando atrás cualquier cosa que pudiera retrasarlo. ¿Qué tendrías que soltar hoy, qué comodidad, qué seguridad, qué capa que has cargado durante años para llegar más rápido hasta donde Jesús te está llamando?

Amado lector, Bartimeo recibió su vista ese día, y el texto cierra diciendo que le seguía a Jesús en el camino. No solo recibió su milagro, cambió por completo la dirección de su vida, dejando atrás el borde del camino donde había pasado años mendigando, para convertirse en seguidor activo de Aquel que se detuvo por su clamor. Si hoy sientes que tu voz ha sido silenciada por quienes te rodean, o que tu manera de buscar a Dios ha sido juzgada como demasiado intensa, no bajes el tono, grita más fuerte, porque Jesús se detiene exactamente por ese clamor que otros intentan apagar. Amen. 

Jeremías 33:3 RVR1960|Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.

¿Has dejado que las opiniones de otros bajen la intensidad de tu clamor a Dios? Hoy es el día para gritar más fuerte, sin importar quién intente callarte. Comparte esta palabra con alguien que también necesita levantar su voz sin vergüenza.

Con amor,
Sandra Patricia Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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