Tu fe se convierte en su testimonio

Gálatas 5:22-23 RVR1960|22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Hay una diferencia entre el don de la fe y el fruto de la fe. El don es lo que recibes en un momento de crisis, y el fruto es lo que crece en ti a lo largo del tiempo, incluso después de que la crisis ya pasó. La fe como fruto del Espíritu es ese carácter que se desarrolla en tu vida cuando permites que Él trabaje en ti durante los años del desierto. No sucede de la noche a la mañana, sino que madura, se solidifica, y se convierte en tu naturaleza espiritual; el tipo de fe que mantiene firme la promesa de Dios incluso cuando todo intenta hacerte soltar.

La fe como fruto es confiabilidad probada en el tiempo
Cuando tu fe da fruto, significa que fuiste probado y encontrado fiel. Eso no quiere decir que nunca dudaste, quiere decir que cuando dudaste, el Espíritu te restauró. No quiere decir que nunca te cansaste, quiere decir que cuando quisiste rendirte, te levantaste de nuevo. El fruto de la fe es ese carácter que dice: Dios dijo esto, y aunque no lo vea, aunque tarde, aunque duela, yo me sostengo en Su palabra por encima de mis circunstancias. Esa fe no es emocional, sino un acuerdo contigo mismo, y harás lo correcto, creerás lo debido, y mantendrás la promesa aunque todo te tiente el querer abandonarla.

Tus raíces resisten la tormenta cuando el fruto ya maduró
Los árboles sin raíces profundas caen en la tormenta, pero el árbol cuyo fruto ha crecido durante años, en todas las estaciones, tiene raíces tan profundas que ni el huracán más fuerte lo derriba. Tu fe como fruto es lo que te mantiene de pie cuando las pruebas se ponen más duras. El desierto no se vuelve fácil,  tú te vuelves resistente, y el fruto de la fe produce en ti una perseverancia que ya no es humana. Es sobrenatural. Es la fe que dice: He visto a Dios actuar antes. He visto cómo cumple Sus promesas. He aprendido Su carácter. Y aunque esta situación sea nueva, el Dios que la conoce no ha cambiado. Esa fe es inamovible porque ya no se basa en tus emociones,  se basa en la historia de fidelidad que has visto de Dios en tu propia vida.

El fruto de tu fe se convierte en testimonio visible
Cuando la fe es sólo un don en un momento de crisis, sólo tú lo experimentas, pero cuando la fe es fruto, todos lo ven. Tu familia ve cómo confías cuando otros se desesperan, tus amigos ven cómo esperas cuando otros se rinden, tu iglesia ve cómo perseverar cuando otros claudican. El fruto de la fe predica sin sermones. Cuando otros están en sus propios desiertos, ven tu vida y preguntan: ¿De dónde saca esa paz? ¿Cómo es posible que sigas creyendo? Y la respuesta es simple: el Espíritu Santo ha estado madurando tu fe durante años, y ahora es un fruto que otros pueden tocar, probar, y ver que es bueno.

Amado lector, el Espíritu Santo no quiere que tengas fe solo para esta prueba, quiere desarrollar en ti un carácter de fe que persista toda tu vida. Quiere que tu fe sea tan evidente, que otros la busquen sin que tú se la ofrezcas; este es el tiempo de dejar que ese fruto crezca, sin prisa y sin pausa, constante. No importa si tu desierto dura años, porque el Espíritu está desarrollando en ti algo eterno, algo que te va a convertir en raíz de bendición para muchos. En el nombre de Jesus. Amen. 

Romanos 5:3-4 RVR1960|3 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; 4 y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza;

¿Sientes que tu desierto ha durado demasiado? El Espíritu está madurando en ti un fruto que otros necesitarán probar algún día. Comparte esta palabra con alguien que también necesita perseverar hasta ver el fruto.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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