Deja de fabricar fe, recíbela

Efesios 2:8 RVR1960|Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

Hay un momento en tu desierto en que comprendes algo profundo, y es que tu fe no la generaste tú. Es un don. Es una obra del Espíritu Santo en ti, y cuando dejas de intentar fabricar fe con tu propio esfuerzo y permites que el Espíritu la deposite en tu corazón, experimentaras una fe completamente distinta, una que ya no tienes que defender ni probar, porque fue el mismo Espíritu de Dios quien la colocó en ti. Y en ese punto de quiebre, es donde dejas de luchar y empiezas a recibir.

El Espíritu Santo es el autor de tu fe en el desierto
Muchos creyentes cometen el error de pensar que deben tener suficiente fe para enfrentar sus pruebas. Pero cuando reconoces que la fe es un don del Espíritu Santo, dejan de cargar ese peso imposible; Él no te pide que generes fe, te pide que recibas la que Él ya ofrece.

En el desierto, cuando te sientes débil, vacío, incapaz de creer más, ese es exactamente el momento para clamar al Espíritu Santo, por fe. Deposita Tu confianza en Dios, dile al Señor: Hazme creer lo que yo solo no puedo creer, esa sencilla oración abre la puerta para que Dios actúe. Tu fe en el desierto ya no es tu responsabilidad personal es la obra maestra del Espíritu Santo en ti.

La fe como don elimina la condenación
Mientras veas la fe como algo que tienes que lograr, vas a vivir bajo condenación en tu desierto. No tengo suficiente fe, mi fe es débil; ¿por qué no puedo simplemente creer? Pero cuando entiendes que es un don, esa culpa se disuelve. El Espíritu Santo no espera que llegues a cierto nivel de espiritualidad para dártela, Él la da generosamente a todo aquel que la pide.

Jesús mismo lo dijo: Si vosotros entonces, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará cosas buenas a los que le pidan? El Espíritu Santo está esperando tu petición, no viene a juzgarte por tu incredulidad, sino que viene a liberarte de ella mediante Su propio don de fe.

El don del Espíritu te permite descansar
Cuando recibes la fe como don, dejas de tener que luchar para sostenerla, dejas de trabajar para creer. El Espíritu Santo mismo intercede por ti, y esa intercesión es una fe que no falla. Pablo lo describe así: El Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Tu fe en el desierto no depende de tu capacidad mental de creer, depende de que el Espíritu Santo cree contigo y por ti. Eso significa que puedes descansar, que puedes soltar el estrés de tener que ser lo suficientemente espiritual. El Espíritu ya lo es, y Su fe alcanza para los dos.

Amado lector, hoy en tu desierto, cambia tu petición. Deja de pedirle a Dios que te ayude a creer más. Pídele al Espíritu Santo que te dé Su fe. Que crea Él a través de ti, que confíe Él por ti, que espere Él con una esperanza que trasciende tus emociones. Cuando recibas esta verdad, tu desierto se convierte en la escuela del Espíritu Santo, el mejor maestro de fe que jamás vas a tener. Amen.

Hechos 1:8 RVR1960|pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

¿Has estado luchando por generar más fe con tus propias fuerzas? Hoy puedes pedirle al Espíritu Santo que te la dé como el don que siempre fue. Comparte esta palabra con alguien que también necesita dejar de luchar y empezar a recibir.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

Deja un comentario