Raíces que el desierto no puede secar

Romanos 8:38-39 RVR1960|38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

En el desierto, lo que más te tienta no es el hambre ni la sed, es la duda de dónde está Dios. Y aquí está la verdad que cambia todo, porque si las cosas fueran fáciles, la fe sería innecesaria. Dios usa el desierto para enseñarte algo impresionante, y es que tu fe no depende de tus circunstancias, sino de tu conexión con Cristo. La fe que te afirma no es la que permanece firme porque todo está bien, sino la que permanece firme porque sabes quién eres en Él. Esa fe transforma el desierto en un lugar de encuentro, no en un lugar de sobrevivencia.

Cristo es tu lugar seguro, no el oasis que buscas
Cuando estás en el desierto, tu primer instinto es buscar agua, comida, una salida; pero la fe que te afirma en Cristo te enseña a buscar primero Su presencia. Jesús nunca prometió que no entrarías en desiertos, pero sí prometió que jamás te dejaría solo en ellos. Tu seguridad no está en los oasis del mundo, está en Él. Cuando entiendes que Cristo es tu fortaleza, tu refugio, tu torre fuerte, el desierto pierde su poder intimidante; deja de ser una carrera por escapar y se convierte en una búsqueda más de Su presencia. Ahí está la diferencia entre una fe enfocada en las circunstancias y una fe enfocada en la presencia. Tu declaración ya no es que voy a salir de aquí, sino que Jesús está aquí conmigo, y eso es suficiente.

Tu identidad la define Cristo, no el desierto
En el desierto, el enemigo intenta redefinirte; te dice que eres un fracaso, que estás abandonado, que estás siendo castigado. Pero tu fe en Cristo tiene que ser más fuerte que todas esas voces. Dios dice algo completamente distinto, dice que eres amado, eres elegido, eres heredero de promesas. Tu valor no depende de tu éxito presente, depende de tu identidad en Cristo. Cuando el Espíritu Santo te recuerda que eres hijo de Dios, eso es más real que cualquier sequedad a tu alrededor, porque la fe que te afirma se rehúsa a aceptar la identidad que el desierto intenta asignarte.

Tu fe hace crecer raíces que el desierto no puede secar
Las raíces superficiales se secan en el desierto; pero las raíces profundas encuentran agua subterránea que ningún calor puede alcanzar. Tu fe en Cristo tiene que estar enraizada tan profundamente en Él, que nada en la tierra pueda arrancarla. Cuando tu fe está afirmada en Cristo, deja de ser fluctuante, ya no depende de si tienes dinero, de si te aman, de si todo te sale bien; porque afirmado en Cristo significa que tu cimiento es inconmovible. Las pruebas van a venir, pero no te van a derrotar, porque tu fe no está construida sobre cambios circunstanciales, está construida sobre la roca eterna que es Jesucristo.

Amado lector, La fe que te afirma en Cristo es revolucionaria porque te saca de la mentalidad de supervivencia y te coloca en la mentalidad de comunión. No estás en el desierto tratando de sobrevivir, estás en el desierto aprendiendo a conocer a Cristo más profundamente, y oro al Padre, para que en esta hora tu fe sea afirmada más que nunca en la roca que no se mueve: Jesucristo. Amen. 

Colosenses 2:7 RVR1960|arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.

¿Estás en un desierto que se siente interminable? Tu fe no necesita que todo esté bien, necesita saber quién eres en Cristo. Comparte esta palabra con alguien que también necesita afirmarse en la roca que no se mueve.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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