La fe te impulsa al milagro

Mateo 17:20 RVR1960|Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

¿Cuántas veces le has pedido a Dios el milagro, pero has seguido sentado, esperando que llegue solo? La fe que Jesús describe aquí no funciona así. La fe no es pasiva, no es una creencia dormida que guardamos en el corazón; sino un impulso divino, una fuerza que nos propulsa hacia el milagro que Dios ya ha decretado. Cuando comprendemos que la fe es el catalizador del poder sobrenatural, dejamos de vivir como víctimas del desierto y nos convertimos en conquistadores del monte que se nos oponía. Dios no quiere que esperes en la sequedad; te quiere en movimiento hacia tu promesa.

La fe es movimiento, no paralisis
El desierto paraliza al que no tiene fe; pero el que comprende que la fe es impulso comienza a moverse, aunque la circunstancia grite lo contrario. Cuando Abraham fue llamado, no vio la promesa realizada, sin embargo, su fe lo impulsó a levantarse y caminar hacia una tierra que todavía no conocía. Esa es la fe que vence, la que se levanta en la madrugada y camina hacia lo invisible, en lugar de esperar cómodamente a que las cosas cambien por sí solas. El milagro no llega al que está sentado esperando, sino al que camina creyendo. Tu fe debe impulsarte a dar pasos que la lógica humana llamaría locura, pero que el Espíritu Santo reconoce como obediencia. Cada paso dado en fe es un paso que el milagro ya reconoce como suyo.

La fe habla lo que cree
Jesús no dijo que le pidas al monte que se mueva, dijo que le declares: Pásate de aquí allá, no es una súplica vacilante, sino una declaración de autoridad nacida de la fe. Cuando tu fe es real, tus palabras cambian de tono, dejas de preguntar tímidamente si Dios puede, y comienzas a decretar lo que Dios ya ha prometido. El milagro espera esa palabra de fe que sale de tu boca, porque la confesión es el puente entre lo que crees y lo que Dios va a hacer. Tu desierto no cambia porque lo desees con intensidad; cambia porque lo decretas con la autoridad que la fe te da, y cuando hablas desde la convicción del Espíritu Santo, el monte escucha.

El impulso de la fe desafía la incredulidad
En el desierto, todo conspira para que desistas: el cansancio, la escasez, los amigos que dudan, tu propia mente gritando que es imposible. La fe que impulsa al milagro es precisamente la que en esos momentos se levanta y dice no. Piensa en Pedro caminando sobre el agua, no pudo hacerlo porque las leyes de la física cambiaran; lo hizo porque su fe en Jesús se sostuvo por encima de ellas mientras sus ojos permanecieron fijos en Él. En el instante en que miró la tormenta en lugar de mirar a Cristo, comenzó a hundirse. La fe se sostiene mientras la mirada está puesta en Jesús. Tu fe también debe ser osada, capaz de desafiar cada voz que te diga que esperes, que te conformes, que aceptes la sequedad como destino final; no, sino puesta la mirada en Jesús. 

Cómo activar hoy esa fe
Creer no es solamente un sentimiento; es también una decisión que se ejercita día a día. Activar la fe que impulsa el milagro comienza con pasos concretos:

Identifica tu monte. Nombra con claridad la circunstancia específica que necesita moverse, en lugar de orar en generalidades.

Declara, no supliques. Cambia las oraciones de duda Dios, si puedes… Por declaraciones de fe alineadas a la Palabra, porque Dios ya lo prometió, y yo lo recibo.

Da el primer paso visible. Como Abraham, actúa en la dirección de la promesa antes de ver la evidencia completa; la fe se demuestra caminando, no solo sintiendo.

Vigila tu mirada. Cuando sientas que empiezas a hundirte como Pedro, identifica qué tormenta estás mirando y vuelve a fijar los ojos en Cristo.

Amado lector, la fe que te impulsa el milagro no es un sentimiento cómodo. Es una fuerza que te hace inconformista con la sequedad, te levanta cuando quieres caer, te hace hablar cuando quieres callar, te propulsa hacia adelante cuando todo te pide que te detengas. Esta es la hora de activar esa fe, no esperes condiciones perfectas para creer; cree en medio de las condiciones del desierto, y el desierto mismo se convertirá en fuente.

2 Corintios 5:7 NTV|Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960
NTV|Nueva Traducción Viviente

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