1 Reyes 19:5-6 RVR1960|5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. 6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse.
Elías acababa de vivir el momento más grande de su ministerio. él solo se había enfrentado a cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, había visto fuego caer del cielo delante de todo Israel, había orado y la lluvia había vuelto después de tres años de sequía; fue una victoria sobrenatural, pública e innegable. Pero un capítulo después, encontramos a ese mismo profeta debajo de un enebro, pidiéndole a Dios que le quitara la vida, diciendo: Basta ya, Jehová, quítame la vida. ¿Te sorprende el contraste? A muchos les sorprende.

Pensamos que después de una victoria tan grande, lo lógico sería seguir en la cima espiritual. Pero Elías nos enseña algo que rara vez se predica, y es que el agotamiento no siempre llega después del fracaso. Muchas veces llega justo después de la victoria más grande y extraordinaria que hayas tenido, porque es allí cuando el cuerpo y el alma finalmente sueltan la tensión que sostuvieron durante la batalla.
Dios no reprendió su cansancio, lo alimentó
Fíjate en lo que Dios no hizo; no le mandó un ángel a corregirlo por su falta de fe, ni le recordó el fuego que acababa de caer del cielo, como diciéndole: ¿Cómo puedes estar así después de lo que viste? Dios hizo algo mucho más sencillo, y por eso mismo, mucho más profundo: Le mandó comida dos veces y le dejó dormir. El ángel lo tocó, le dio de comer, lo dejó dormir otra vez, y volvió a darle de comer. Antes de cualquier palabra profética, antes de cualquier corrección, antes del susurro apacible y delicado que vendría después en la cueva, Dios atendió primero lo físico. Esto debería cambiar la manera en que entiendes tu propio agotamiento, porque no siempre es una señal de debilidad espiritual, a veces es simplemente tu cuerpo y tu alma pidiendo lo que necesitan, y Dios no ignora tu necesidad, sino que atiende eso primero.
El descanso no es la ausencia de fe, es parte del proceso
Muchos creyentes viven con la idea de que detenerse a descansar significa haber fallado, o que la persona verdaderamente espiritual nunca se cansa, nunca se agota, nunca necesita parar. Elías desmiente esa idea con su propia historia. El hombre que acababa de ver el fuego de Dios caer del cielo también necesitó dormir, comer, y que alguien lo tocara con ternura antes de poder seguir caminando. Si hoy sientes ese mismo agotamiento después de servir, después de sostener a tu familia, después de cargar responsabilidades que nadie más ve, después incluso de haber vivido una victoria que te costó todo, no lo interpretes automáticamente como un fracaso espiritual; puede que simplemente sea el momento de dejar que Dios te alimente antes de pedirte que sigas caminando.
Después del descanso viene la claridad
Solo después de que Elías comió, durmió, y recuperó fuerzas para el viaje, Dios lo llevó a Horeb y le habló, no en el viento fuerte, no en el terremoto, no en el fuego, sino en un silbo apacible y delicado. Es interesante notar que Dios no le habló con claridad en medio del agotamiento, sino que esperó a que Elías estuviera alimentado y descansado para tener esa conversación profunda. Revelando algo que muchos pasamos por alto, y es que muchas veces buscamos escuchar la voz clara de Dios en medio del agotamiento total, cuando lo que realmente necesitamos primero es permitir que Dios restaure lo físico. No siempre la falta de dirección es un problema espiritual, a veces es simplemente cansancio que necesita ser atendido antes de que puedas escuchar con claridad lo que Dios quiere decirte.
Amado lector, si has estado sirviendo sin descanso, sosteniendo a otros sin que nadie te sostenga a ti, o cargando el peso de una victoria que te dejó vacío por dentro, escucha esto: Dios no te va a corregir por estar cansado, te va a alimentar primero, te va a dejar dormir; y cuando estés listo, te va a hablar con la claridad que necesitas para el siguiente paso. No tienes que fingir fortaleza delante de Dios. Él ya sabe exactamente cuánto necesitas descansar. Amen.
Mateo 11:28 RVR1960|Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
¿Has estado cargando el agotamiento como si fuera una falta de fe? Hoy Dios quiere alimentarte antes de pedirte que sigas caminando. Comparte esta palabra con alguien que también necesita descansar para recobrar fuerzas.
Con amor,
Sandra Patricia Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960| Reina-Valera 1960