Juan 14:27 RVR1960|La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Jesús pronunció estas palabras horas antes de ir a la cruz; no las dijo desde la comodidad, ni desde una circunstancia tranquila, sino que las dijo mientras Judas ya había salido a traicionarlo, mientras Pedro estaba a punto de negarlo, mientras la tormenta más grande de Su vida terrenal estaba por desatarse. Y aun así, en ese momento exacto, Jesús habló de paz. No una paz que depende de que todo esté en calma a tu alrededor, sino una paz que sostiene precisamente cuando todo a tu alrededor se sacude.

Esa distinción cambia por completo la manera en que debes entender la paz que Dios ofrece. El mundo te vende una paz condicionada, tranquila mientras nada salga mal, y tengas todo bajo control; pero la paz de Cristo no funciona así; es una paz que no depende de lo que está pasando afuera, ni a tu alrededor, porque su fuente nunca estuvo afuera.
La ansiedad te miente sobre lo que necesitas controlar
Vivimos convencidos de que si lográramos controlar el trabajo, la salud, las finanzas, el futuro de nuestros hijos finalmente estaríamos en paz; pero esa promesa es una trampa. Entre más intentas controlar lo que está fuera de tu alcance, más ansiedad genera cada cosa que se escapa de tus manos, y siempre hay algo que se escapa de tus manos, porque nunca tuviste el control total que la ansiedad te promete que necesitas. Pablo escribió algo revelador desde una prisión, y no desde un lugar cómodo, y es que por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración. Él no escribió resuelve tu ansiedad antes de orar, más bien dijo lo contrario: trae tu ansiedad a Dios en oración, y deja que sea Su paz no tu control la que guarde tu corazón, porque la paz de Dios no elimina la tormenta, sino que te sostiene en ella.
Cuando los discípulos estaban en la barca, en medio de una tormenta que amenazaba con hundirlos, Jesús estaba dormido. Ellos lo despertaron aterrados: ¿No tienes cuidado que perecemos? Y Jesús calmó la tormenta, pero antes de eso, les hizo una pregunta que sigue resonando hoy: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Fíjate en el orden: la fe no llegó después de que la tormenta se calmó. Se supone que debía sostenerlos mientras la tormenta todavía estaba activa.
Muchas veces esperamos que Dios calme primero nuestras circunstancias para poder sentir paz, pero la paz que Cristo ofrece funciona al revés: se instala en medio de la tormenta, y no después de ella, porque su fundamento no es la ausencia de problemas sino la presencia de Cristo en medio de ellos.
Filipenses 4:7 RVR1960|Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Renovar tu mente es parte de recibir esa paz
La paz de Dios no llega automáticamente sólo porque la deseas. Pablo también escribió: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento; esto significa que hay un trabajo activo de tu parte, y es identificar los pensamientos ansiosos que se repiten en tu mente, someterlos a la verdad de Dios, y rehusarte a dejar que gobiernen tus emociones sin ser confrontados. Cada vez que un pensamiento de temor intente instalarse, tienes la opción de preguntarte: ¿esto que estoy creyendo viene de la verdad de Dios, o del miedo que quiere gobernarme?
Amado lector, esa pausa, sostenida con constancia, va entrenando tu mente para recibir la paz que Cristo ya te ofreció, en lugar de seguir atrapado en el ciclo de la ansiedad que promete control y solo entrega más inquietud. La paz que Cristo te dejó no depende de que tus circunstancias mejoren primero, tampoco es la ausencia de tormenta, es Su presencia sostenida en medio de ella. Si hoy tu corazón está turbado, si el miedo ha estado gobernando tus noches y tus pensamientos, escucha lo que Jesús ya dijo: No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo, porque esa paz ya está disponible, así que no tengas miedo a esperar que la tormenta se calme para recibirla, porque Él te la entrega hoy. Amen.
Salmos 66:12 NVI|Dejaste que cabalgaran sobre nuestra cabeza; hemos pasado por el fuego y por el agua, pero al fin nos has llevado a un lugar de abundancia.
¿Has estado buscando la paz para controlar tus circunstancias en vez de buscarla en la presencia de Dios? Hoy es el día para entregarle tu ansiedad y recibir Su paz. Comparte esta palabra con alguien que también necesita descansar en medio de su tormenta.
Con amor,
Sandra Patricia Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960
NVI|Nueva Versión Internacional