Romanos 8:33-34 RVR1960|33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
Hay una voz que conoces bien y esta no siempre llega con estruendo; a veces es apenas un susurro, pero llega puntual, especialmente cuando acabas de fallar, cuando recuerdas algo que hiciste hace años, cuando sientes que no eres suficiente para estar donde estás. Y dice cosas como: ¿Cómo vas a orar después de lo que hiciste?Dios no puede usarte con ese pasado, o ya pediste perdón demasiadas veces, y esa voz tiene nombre. En griego se llama diabolos, que quiere decir: El acusador; y su estrategia no ha cambiado desde el principio, porque su objetivo es mantenerte viviendo bajo el peso de una culpa que ya fue resuelta hace más de dos mil años. Hoy necesitas escuchar la otra voz.

El precio fue pagado en su totalidad, no queda nada pendiente
Cuando Cristo murió en la cruz, no ofreció un abono ni una disculpa simbólica, Él pagó la deuda entera, con la moneda exacta que la justicia divina exigía. El pecado tiene un precio que no puede saldarse con buenas intenciones ni con remordimiento sincero, requería una vida perfecta entregada en lugar de la nuestra. Y eso fue exactamente lo que ocurrió, no quedó ni un solo cargo pendiente en tu cuenta.
Por eso, cuando sientes que debes seguir pagando por errores del pasado con culpa, vergüenza o autocastigo, no estás siendo humilde, estás desconociendo que la factura ya fue marcada como saldada. Intentar seguir pagando lo que ya fue pagado no es arrepentimiento genuino, sino incredulidad disfrazada de piedad.
En este momento, alguien te está defendiendo
La imagen de Cristo sentado a la diestra del Padre no es solo un símbolo de honor, es una posición legal que sigue activa. Ahora mismo, mientras lees esto, mientras el enemigo susurra tus fallas, mientras tu propia conciencia te señala, Cristo está intercediendo por ti. Presentando sus propias heridas como evidencia irrefutable de que el caso ya fue cerrado a tu favor, y que tu victoria espiritual no depende de tu capacidad de defenderte, sino que depende de la intercesión de alguien cuya autoridad ante el Padre es incuestionable y cuya defensa nunca ha perdido un caso. Eso no es poesía, sino lo que dice 1 Juan 2:1 con una claridad que no deja margen para la duda: Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. ¿Lo estás creyendo hoy, o sigues intentando defender el caso que alguien ya ganó?
El Juez ya emitió el veredicto y fue a tu favor
Pablo lanza una pregunta que parece retórica pero es una declaración de guerra: ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? No está negando que el acusador exista ni que trabaje incansablemente, lo que declara es que ninguna acusación tiene ya fundamento legal en el tribunal que realmente importa, porque el Juez mismo es quien te declaró justo, y eso es lo que significa justificación. No es una opinión sobre tu buen comportamiento, sino un veredicto legal, irreversible, basado en la obra terminada de Cristo. Cuando el acusador señale tu pasado, tu debilidad o tu última caída, la respuesta no es defenderte enumerando tus méritos, es apelar al veredicto ya dictado. Ninguna corte inferior tiene autoridad para revertir lo que el Tribunal Supremo de Dios ya selló. Ni la culpa, ni el remordimiento, ni la opinión de quien no te perdona, ni siquiera tu propia conciencia acusadora.
Amado lector: muchos creyentes viven derrotados no porque el enemigo tenga razón, sino porque no saben que el caso ya fue cerrado. Siguen respondiendo a la acusación con vergüenza, cuando la respuesta correcta es una sola, la que Pablo aprendió y que hoy nos entrega: No hay condenación para los que están en Cristo Jesús.
La próxima vez que esa voz llegue con su lista de cargos, no la debatas, ni te hundas, sino que señala la cruz, porque ahí está la sentencia, la sangre. Ahí está la prueba de que alguien pagó lo que tú jamás hubieras podido pagar, y que hoy mismo sigue de pie, intercediendo, para que nada ni nadie te arranque de ese veredicto. Amen.
1 Juan 2:1 RVR1960|Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
¿Conoces a alguien que vive cargando una culpa que ya fue perdonada? Comparte este mensaje, puede ser exactamente lo que necesita escuchar hoy.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960