Jesús pagó el precio por nosotros

Juan 1:12 RVR1960|Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

Una de las mayores bendiciones que recibimos por medio de Jesucristo no fue solamente el perdón de nuestros pecados, sino el privilegio de convertirnos en hijos de Dios. Antes de conocer a Cristo vivíamos lejos del Padre, separados por el pecado y sin esperanza. Pero la cruz cambió nuestra historia para siempre, Jesús no solo vino a librarnos de la condenación; vino a abrirnos las puertas de la familia de la fe. Ser hijo de Dios es mucho más que llevar un título, significa vivir bajo su amor, disfrutar de su presencia, confiar en sus promesas y saber que, pase lo que pase, pertenecemos a Él. Sin embargo, ese privilegio tuvo un precio inmenso; lo que para nosotros es un regalo, para Cristo significó entregar su propia vida, y cada gota de sangre derramada en la cruz nos recuerda cuánto valemos para el Padre y cuánto estuvo dispuesto a hacer para acercarnos nuevamente a Él.

Jesús tomó nuestro lugar para darnos una nueva vida. La Biblia declara en  2 Corintios 5:21|Dios tomó a Cristo, que no tenía pecado, y puso sobre él nuestros pecados, para declararnos justos por medio de Cristo.

Jesús nunca cometió pecado, vivió una vida perfecta y agradable al Padre. Sin embargo, decidió cargar sobre sí el castigo que nosotros merecíamos. En la cruz recibió la condena que nos correspondía para que nosotros pudiéramos recibir el perdón que jamás habríamos podido ganar por nuestras propias obras. Esta es una de las demostraciones más grandes del amor de Dios. Cristo tomó nuestro lugar para que nosotros pudiéramos ocupar el suyo como hijos del Padre; ya no tenemos que vivir tratando de ganar el favor de Dios; Jesús ya pagó el precio completo, ahora podemos acercarnos a Él con confianza, sabiendo que somos aceptados por lo que Cristo hizo y no por nuestros propios méritos.

En Cristo dejamos de ser esclavos y pasamos a formar parte de la familia de Dios. El apóstol Pablo escribió: en Gálatas 4:4-5|4 Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, 5 a fin de comprar nuestra libertad, ya que éramos esclavos de la ley, y así adoptarnos como hijos suyos.

El deseo de Dios nunca fue tener siervos que le obedecieran sólo por obligación. Su anhelo siempre ha sido formar una familia. Por eso, cuando recibimos a Cristo, no solo cambia nuestro destino eterno; también cambia nuestra identidad, dejamos de ser extranjeros para convertirnos en hijos amados; y como hijos, tenemos acceso al Padre, podemos llamarlo con confianza y descansar en su cuidado. No vivimos tratando de demostrar que merecemos su amor, sino que vivimos seguros de que ya hemos sido aceptados por la obra perfecta de Jesús.

La cruz abrió el camino para disfrutar de una relación cercana con Dios. Cuando Jesús murió en la cruz, ocurrió algo extraordinario, dice  Mateo 27:51|Al instante, el velo que ocultaba el Lugar Santísimo del templo se rompió en dos de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron,

Aquel velo separaba el Lugar Santísimo, recordando que el pecado impedía al hombre acercarse libremente a la presencia de Dios. Pero cuando Cristo entregó su vida, el camino quedó abierto, ya no tenemos que vivir lejos del Padre. Podemos acercarnos con confianza, hablar con Él, buscar su dirección y descansar en su presencia; ese acceso fue comprado por Jesús con su propia sangre. 

Hebreos 10:19-20 NBV| 19 Por eso, amados hermanos, gracias a la sangre de Jesucristo podemos entrar libremente en el Lugar Santísimo. 20 Jesús nos ha abierto un camino nuevo y vivo a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo.

Amado lector: Nunca olvides lo que costó tu salvación, no fue plata ni oro; fue la vida del Hijo de Dios. La cruz no solo canceló nuestra deuda, también nos abrió las puertas de la casa del Padre. Quizás durante mucho tiempo te has sentido indigno, rechazado o lejos de Dios; pero si has puesto tu fe en Cristo, tu identidad ya no está definida por tu pasado, sino por el amor del Padre. Eres su hijo, eres parte de su familia, tienes un lugar preparado en su presencia y una herencia que nadie puede quitarte. Cada vez que mires la cruz, recuerda que allí no solo murió el Salvador; allí nació una nueva historia para todos los que creen en Él. Gracias al sacrificio de Jesús, hoy podemos acercarnos al Padre con confianza, descansar en su amor y vivir con la seguridad de que nunca dejará de llamarnos sus hijos.Amen. 

1 Juan 3:1 RVR1960|Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960
NBV|Nueva Biblia Viva

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