Marcos 5:28 RVR1960|Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.
Hay heridas que no se miden en días ni en semanas, y mucho menos cuando esa persona lleva años esperando una respuesta de Dios; así vivía la mujer del flujo de sangre. La Biblia dice que llevaba doce años enferma, que había buscado ayuda en muchos médicos, gastando todo lo que tenía y, lejos de mejorar, su condición empeoraba; pero su mayor sufrimiento no era únicamente físico.
Según la Ley de Moisés, una mujer con esa condición era considerada impura; eso significaba vivir aislada, sin poder participar libremente de la vida religiosa ni relacionarse con los demás como cualquier persona. Durante doce años cargó no solo con una enfermedad, sino también con el rechazo, la vergüenza y la soledad. Sin embargo, un día escuchó que Jesús pasaba por allí, no vio una oportunidad más; sino su única esperanza. Mientras muchos se acercaban a Jesús por curiosidad, ella decidió acercarse con fe; estaba convencida de que si lograba tocar tan solo el borde de su manto, su vida cambiaría para siempre, y así sucedió.

La fe nos lleva a Jesús cuando todo lo demás ha fallado
Marcos relata que esta mujer había sufrido mucho buscando una solución. Había invertido sus recursos, su tiempo y sus fuerzas, pero nada había dado resultado. A veces Dios permite que lleguemos al límite de nuestras propias capacidades para enseñarnos que nuestra confianza no debe descansar en los recursos humanos, sino en Él. No porque la ayuda humana sea mala, sino porque hay situaciones en las que únicamente el poder de Dios puede transformarnos. Esta mujer llegó a Jesús sin tener nada más que ofrecer; no tenía dinero, influencia ni reconocimiento; sólo la necesidad profunda de ser sanada; y eso es la fe, acercarnos a Cristo convencidos de que Él sigue teniendo poder para hacer aquello que nadie más puede hacer.
Quizás hoy también has intentado muchas cosas; tal vez has buscado respuestas durante años y sientes que nada cambia, pero no permitas que las decepciones apaguen tu confianza en Dios, porque la misma fe que llevó a esta mujer hasta Jesús, sigue siendo el camino para experimentar Su poder.
Un toque de fe hace la diferencia
La multitud rodeaba a Jesús. Muchos lo empujaban, muchos querían estar cerca de Él, pero solo una persona recibió un milagro. Cuando aquella mujer tocó el borde de su manto, inmediatamente cesó el flujo de sangre. Jesús mismo sintió que había salido poder de Él y preguntó: ¿Quién me ha tocado? Los discípulos no entendían la pregunta, porque todos lo estaban tocando, sin embargo, Jesús sabía que aquel toque era diferente.
Muchos estaban cerca de Jesús físicamente, pero solo una persona se acercó creyendo de verdad. Eso sigue ocurriendo hoy; es posible asistir a la iglesia, escuchar la Palabra y participar de muchas actividades sin abrir realmente el corazón al Señor. Dios no está buscando únicamente personas que estén cerca de Él; Él busca personas que confíen, y que sean transformadas en un simple encuentro con Cristo.
Jesús no solo sanó su cuerpo; sino que restauró su identidad
Después del milagro, Jesús pudo haber seguido caminando hacia la casa de Jairo; sin embargo, se detuvo; quería que aquella mujer entendiera que no solo había recibido una sanidad física. Cuando ella se acercó temblando y contó toda la verdad, Jesús le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz. (Leer Marcos 5:34). Es la única vez en los Evangelios donde Jesús llama hija a una mujer de esta manera. Después de doce años siendo señalada como impura, Jesús le devolvió algo mucho más valioso que la salud, y es la identidad. El Señor no quería que regresara a su casa pensando únicamente que había sido sanada, Él quería que supiera que ahora pertenecía a la familia de Dios.
Así obra el Señor con nosotros. Él no solo sana heridas visibles; también restaura aquello que el rechazo, el pecado, el dolor y los años han quebrantado en el interior. Cuando Cristo toca una vida, se transforma mucho más que las circunstancias, se renueva el corazón, se restaura la dignidad y se devuelve la identidad.
Amado lector: Quizás llevas mucho tiempo esperando una respuesta, tal vez has luchado con una situación que parece no terminar y comienzas a pensar que nada cambiará. La historia de esta mujer nos recuerda que para Jesús nunca es demasiado tarde. Doce años de sufrimiento no fueron un obstáculo para Su poder. Hoy Él sigue pasando cerca de quienes lo buscan con un corazón sincero; no necesitas acercarte con una fe perfecta; solo necesitas acercarte a Él. La mujer no tenía todas las respuestas, pero sí tenía la certeza de que Jesús podía hacer lo que nadie había podido hacer. Acércate al Señor con esa misma confianza, Él conoce tu dolor, ve tus lágrimas y no es indiferente a tu necesidad. Tal vez el milagro que más necesitas no sea únicamente cambiar una circunstancia, sino escuchar nuevamente la voz de Cristo llamándote hijo, llamándote hija, y recordándote que en Él hay restauración, esperanza y una vida completamente nueva. En el nombre de Jesus. Amen.
Salmos 147:3 RVR1960|Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960