Romanos 8:37 RVR1960|Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Hay momentos en la vida en que la prueba que enfrentamos se siente tan grande que pareciera ser el final del camino. Pero desde la perspectiva de Dios, esa prueba no es más que una estación dentro de un proceso mucho más grande. La fe no niega el dolor ni pretende que no existe; simplemente declara que el dolor no tendrá la última palabra. El creyente no espera a ver la victoria para celebrar, sino que celebra porque ya la tiene en Cristo. La cruz, vista por los hombres, parecía una derrota total, pero era, en realidad, es el camino hacia la resurrección.
De la misma forma, eso que hoy se ve como pérdida en tu vida puede convertirse en el escenario perfecto donde Dios manifieste su gloria. Por eso, aunque las lágrimas corran por tu rostro y las circunstancias parezcan decir lo contrario, puedes levantar tus manos y adorar, porque en Jesucristo somos más que vencedores.

Notemos esto:
I. La prueba es una etapa, no el destino final. Cuando José fue vendido por sus propios hermanos, todo parecía indicar que su historia había llegado a su fin. Cuando fue acusado injustamente y encerrado en prisión, parecía que sus sueños habían muerto para siempre. Sin embargo, Dios había escrito capítulos que José aún no podía leerse. Muchas veces nosotros hacemos lo mismo: juzgamos toda nuestra vida por el capítulo que estamos viviendo en este momento, olvidando que Dios ya conoce cómo termina el libro. La prueba tiene fecha de inicio, pero también tiene fecha de vencimiento. Debes entender que ningún valle es eterno, ni tampoco una noche oscura dura para siempre, y la tormenta, por fuerte que sea, podrá impedir que vuelva a salir el sol.
Mira, el enemigo quiere convencerte de que ese dolor que sientes hoy será permanente, pero la Palabra nos enseña algo distinto: las aflicciones son temporales, mientras que las promesas de Dios son eternas. Eso que hoy te hace llorar puede convertirse mañana en el testimonio que fortalezca a otros, porque la prueba no es el punto final de tu historia; es apenas una coma en el relato que Dios escribió sobre tu vida.
II. La fe celebra la victoria antes de verla. Una de las cosas más poderosas que tiene la fe es que puede celebrar antes de que el milagro se manifieste. Israel tuvo que marchar alrededor de Jericó antes de ver caer los muros. Josafat puso adoradores al frente del ejército antes de que la batalla fuera ganada. Pablo y Silas cantaron en la cárcel antes de que las cadenas cayeran. Entonces, ¿porque aun sigues dudando de Su poder?
La fe ve lo invisible y se aferra a lo que Dios ha dicho, por encima de lo que los ojos pueden ver. Cuando adoramos en medio de la prueba, estamos declarando que nuestra confianza no está puesta en las circunstancias, sino en el Señor, porque la alabanza en medio del dolor es un acto profético, casi una declaración de guerra contra la incredulidad. Es decirle al enemigo: Todavía no veo la respuesta, pero conozco al Dios que la enviará. El creyente victorioso no espera que todo esté bien para alabar, sino que alaba porque sabe que Dios sigue sentado en su trono y que nada de lo que está viviendo escapa de su control.
III. Somos más que vencedores porque Cristo ya venció. Romanos no dice simplemente que somos vencedores; dice que somos más que vencedores. Y eso cambia todo, porque nuestra victoria no depende de nuestra fuerza, nuestra experiencia o nuestra capacidad, sino que depende de la victoria de Cristo. Jesús enfrentó el pecado, la muerte, el infierno y las tinieblas, y salió triunfante. Cuando resucitó, abrió un camino para que sus hijos pudiéramos caminar en esa misma victoria. Ser más que vencedores significa que la batalla no solo termina en triunfo, sino que incluso aquello que vino para destruirnos termina siendo usado por Dios para nuestro bien.
Las pruebas fortalecen nuestra fe, y en medio de ese dolor desarrollamos nuestro carácter. La persecución profundiza nuestra dependencia de Dios, y aunque el enemigo intente herirnos; por eso podemos caminar con esperanza aún en los días más difíciles, porque no luchamos para obtener la victoria; sino que luchamos desde la victoria que Cristo ya conquistó en la cruz.
Amado lector, si hoy estás atravesando una prueba, quiero recordarte algo: no estás viendo el final de tu historia, sino que Dios sigue obrando, aunque ahora no puedas percibirlo. Lo que hoy parece una derrota temporal puede convertirse en una manifestación extraordinaria de su poder. Así que no dejes que las circunstancias definan quién eres, porque tú no eres un derrotado tratando de sobrevivir; eres un hijo de Dios caminando hacia el cumplimiento de sus promesas. Mantén tu fe firme, sigue adorando, sigue creyendo y sigue avanzando, porque la misma mano que te sostuvo ayer te sostendrá hoy, y te llevará a la victoria mañana. En Cristo, la prueba nunca tiene la última palabra. Amen.
2 Corintios 4:17-18 RVR1960|17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960