2 Corintios 4:7 RVR1960|Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
Dios pudo haber puesto su tesoro en oro; pero prefirió ponerlo en barro, algo común, frágil, que se agrieta, que cualquiera tiene a mano. Pablo lo dice, y la razón es una sola, para que nadie confunda el recipiente con el poder. Si el vaso fuera de oro, la gente admiraría el vaso, y como es de barro, solo queda adorar al que lo llena. Quizás hoy te sientes demasiado ordinario, quebrado o cansado para que Dios te use, pero esta palabra es para ti.

Una viuda, una deuda y una puerta cerrada
Una mujer, viuda de uno de los hijos de los profetas, llegó llorando al profeta Eliseo. Su esposo había muerto y el acreedor venía a llevarse a sus dos hijos como esclavos. Eliseo le pregunta: Declárame qué tienes en casa. Ella respondió: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. Y entonces vino una instrucción que debió sonarle muy extraña: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas.
Fíjate en cada palabra. Prestadas, es decir, tuvo que ir a pedirles a sus vecinos, bajar el orgullo y mostrar su necesidad. Vacías, para ser llenadas, primero hay que estar vacías. No pocas, porque Dios quería que ella esperara mucho. Después viene otra instrucción: Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas. El milagro ocurrió detrás de una puerta cerrada, en la intimidad, sin público. Ella tomó su única vasija de aceite y empezó a verter, una vasija, después otra; y el aceite seguía saliendo.
El aceite se detuvo cuando se acabaron las vasijas
Esta parte del pasaje casi todos la pasamos por alto, y es que Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. Dios no fue que se quedó sin aceite; Dios se quedó sin vasijas. El milagro no se detuvo porque hubiera una escasez en el cielo, sino porque se acabaron los recipientes disponibles.
Muchos ven en el aceite una imagen de la unción, del Espíritu de Dios. Si es así, ¿cuánto más querría Dios derramar, si hubiera más vasijas disponibles? No hay límite en Su provisión. El límite está en cuántos de nosotros decimos aquí estoy, lléname. Y mira para qué sirvió ese aceite: Ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores; y tú y tus hijos vivid de lo que quede. Pagó la deuda y sostuvo a una familia; el aceite no era un adorno, era para usarse.
Limpia, apartada y dispuesta
Entonces, ¿qué hace útil a una vasija? El apóstol Pablo se lo explica a Timoteo con una imagen de casa: en una casa grande hay utensilios de oro y de plata, y también de madera y de barro; no todos tienen el mismo material, pero todos pueden servir. Lo que decide si te usa el dueño de la casa no es de qué estás hecho. Es esto: Si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.
Fíjate en las cuatro palabras: limpio, santificado, útil y dispuesto. Ninguna habla de talento ni de títulos, hablan de estar limpio, apartado, útil para Él y disponible cuando te llame. Una vasija sucia puede lavarse; una vasija agrietada puede servir; pero una vasija guardada en el estante, que dice todavía no estoy listo o quizás más adelante, esa no sirve para nada, por más valiosa que sea.
Amado lector, hoy Dios no te está preguntando si eres de oro o de barro, te está preguntando si estás vacío de ti mismo, limpio delante de Él y disponible para su obra. Quizás mucho te han visto cómo una vasija poco calificada para su uso; pero es ahí donde el poder se nota más, porque la obra de Dios se manifestará en aquellos que dispuestos a ser llenos de Él.
Oremos juntos: Señor, aquí estoy; vacíame de lo que no es tuyo, límpiame y apártame para ti. Soy barro, pero quiero ser útil en tus manos; lléname, y úsame para lo que tú quieras. En el nombre de Jesús, amén.
2 Timoteo 2:21 RVR1960|Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.
¿Cuánto aceite está esperando Dios para derramar sobre una vasija disponible como tú? Comparte esta palabra con alguien que necesita saber que el barro también es útil en las manos de Dios.
Con amor,
Sandra Patricia Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960