Hay agua donde tú solo ves desierto

Efesios 1:17-18 RVR1960|17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

Fíjate en lo que Pablo no le pide a Dios para los efesios. No pide más dinero, ni más oportunidades, ni más recursos;  pide algo distinto: que Dios les alumbre los ojos del entendimiento. ¿Por qué? Porque ya lo tenían todo. La esperanza, la herencia y el poder ya les habían sido dados. Pero lo que faltaba era verlo; la palabra que Pablo usa para revelación es apokalypsis, que quiere decir quitar el velo, destapar lo que estaba cubierto; y esa revelación es obra del Espíritu Santo. Él es quien te destapa lo que ya es tuyo.

Lo que ves con los ojos naturales y lo que ve el entendimiento alumbrado
Con los ojos naturales, puedes mirarte a ti mismo y ver una persona llena de errores, de fracasos, de procesos que no te dejan avanzar en tus metas. Es lo que se ve, y es real; pero cuando el Espíritu alumbra los ojos de tu entendimiento, empiezas a entender tu posición en el reino de Dios a pesar de tu realidad actual. No ignoras lo que pasa, pero dejas de definirte por lo que ves, y empiezas a verte como Dios te ve.

Agar vio un desierto, y Dios le mostró una fuente
Hay una historia que lo explica mejor que cualquier definición. Agar estaba en el desierto con su hijo, y el agua se acabó. El texto dice que lo echó debajo de un arbusto, se sentó a un tiro de arco de distancia, y dijo: No veré cuando el muchacho muera. Era una madre convencida de que ya no había salida; entonces Dios habló: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano. Y mira lo que dice a continuación: Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua.

Fíjate bien. El texto no dice que Dios creó una fuente en ese momento; dice que le abrió los ojos y ella la vio. Lo que cambió fue su vista; su problema era que no podía ver lo que tenía al lado, mientras se rendía frente a un desierto. ¿Cuántas veces estás sentado a un tiro de arco de distancia de tu propio milagro, convencido de que ya no hay agua? Hay situaciones en tu vida que parecen secas, y a lo mejor la fuente está ahí desde hace rato, pero lo que necesitas es que Dios te abra los ojos.

Tres cosas que Dios quiere que veas
Pablo dice que cuando los ojos del entendimiento son alumbrados, suceden tres cosas.

La esperanza a la que fuiste llamado, es la redención: tienes un lugar asegurado en el cielo, una vida eterna al lado de tu Salvador. El sufrimiento de este mundo es real, pero no se compara con lo que te espera.

Las riquezas de la gloria de Su herencia. Pablo habla de riquezas que pertenecen a los santos, y el Espíritu Santo ya nos da adelantos hoy: el fruto, los dones, los recursos del cielo disponibles para tu vida, y no tienes que esperar a llegar al cielo para tocarlos.

La supereminente grandeza de Su poder para con nosotros los que creemos. Es el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos, lo sentó a la diestra del Padre sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y lo dio por cabeza de la iglesia. Ese poder no es un recuerdo de hace dos mil años, sino que sigue operando hoy a favor de los que creen.

Amado lector, hoy puedes hacer la oración de Pablo por ti mismo. Ora conmigo: Padre, abre los ojos de mi entendimiento; muéstrame la esperanza a la que me llamaste, las riquezas de Tu herencia y la grandeza de Tu poder. Quita el velo de lo que no he visto, y ayúdame a levantarme de este desierto y a ver la fuente que ya está aquí. En el nombre de Jesús, amén.

Declaro sobre tu vida que lo que hoy parece seco va a empezar a verse distinto, porque el Espíritu de revelación te va a abrir los ojos.

Efesios 1:19-20 RVR1960|19 y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, 20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,

¿Estás sentado frente a un desierto que a lo mejor tiene una fuente al lado? Pídele a Dios que te abra los ojos. Comparte esta palabra con alguien que necesita ver lo que ya tiene en Cristo.

Con amor,
Sandra Patricia Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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