Marcos 4:14-15 RVR1960|14 El sembrador es el que siembra la palabra. 15 Y estos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones.
Hay una palabra que Dios sembró en ti. Quizás fue en un culto donde sentiste que el cielo se te habría; quizás fue en una madrugada de oración, o en un versículo que te alcanzó en el peor momento de tu vida. Jesús dice que esa Palabra es semilla, y una semilla tiene algo que ninguna otra cosa tiene, y es vida adentro. Un grano de trigo parece poca cosa en la palma de tu mano, pero lleva dentro una espiga entera, y así es lo que Dios te habló; tal vez hoy no ves nada, pero lo sembrado tiene la capacidad de crecer, y es por eso mismo que tienes enemigos.

El enemigo llega en seguida
Fíjate en las dos palabras que Jesús usa: En seguida; el diablo no espera a que pase una semana. Llega apenas termina el culto, apenas cierras la Biblia, apenas se apaga la emoción; ese es el terreno de junto al camino, donde la tierra está pisada, endurecida, donde la semilla queda por encima y las aves se la llevan antes de que toque el suelo.
¿Cuántas veces saliste de la iglesia ardiendo, con una palabra clara, y para el lunes ya no quedaba ni el recuerdo? Eso no fue casualidad. Alguien trabajó para que se te olvidará. La distracción, la prisa, el ruido, la conversación que llegó justo después del mensaje; si el enemigo se da tanta prisa en robarla, es porque sabe lo que esa semilla puede llegar a producir en ti.
Hay semillas que mueren por falta de raíz y por exceso de afán
Jesús habla de otros dos terrenos que no debemos pasar por alto, y este es el pedregoso, donde la palabra se recibe con gozo inmediato, con lágrimas y con aplausos, pero abajo hay roca y no hay raíz. Dura mientras dura la emoción, y cuando llega la aflicción o la presión por causa de esa misma Palabra, se tropieza, y este es el creyente de temporadas, que se enciende fuerte y se apaga rápido.
Y está el terreno de espinos. Ahí la semilla sí germina, pero crece en medio de los afanes de esta vida, el engaño de las riquezas y el deseo de otras cosas, hasta que la maleza la ahoga; nadie la arrancó de golpe. Simplemente dejó de tener espacio. Hay palabras de Dios que murieron asfixiadas entre las deudas, la agenda llena y la carrera por tener más. Si estás leyendo esto y sientes que algo que Dios te dijo se apagó, no te condenes; examina qué terreno le diste, porque la semilla sigue teniendo vida.
La buena tierra guarda lo que recibe
Ahora mira lo que dice Jesús del cuarto terreno:Los que oyen la palabra, la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. Esa es la promesa, una sola semilla, en tierra buena, se convierte en cosecha. Y la buena tierra hace cosas muy concretas, oye con atención, recibe y guarda con humildad, sin discutirle a Dios lo que Él ya dijo. Escribe la palabra, la repite en voz alta cuando llega la duda; la protege del ruido, del apuro y de las dudas, como quien cuida una siembra recién hecha.
Amado lector, Dios no te habló por gusto. Cada palabra que Él deposita en ti tiene un propósito, un tiempo y una cosecha. Puede que hoy solo veas tierra removida, pero debajo hay algo vivo esperando romper la superficie. Así que cuídala, permítele que le salga raíz, quítale los espinos, y cuando el enemigo llegue corriendo a llevársela, que te encuentre despierto, de pie sobre lo que Dios sembró.
Lucas 11:28 RVR1960|Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
¿Hay una palabra de Dios que sientes que se te está escapando? Todavía no está perdida. Cuídala, ponle raíz y espera la cosecha. Comparte esta palabra con alguien que también necesita proteger lo que Dios sembró en su vida.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960