Mateo 6:17-18 RVR1960|17 Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18 para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.
Hay algo que necesitas entender, y es que el ayuno no es un espectáculo para Dios. Él no está impresionado con tu estómago vacío, no compras Su favor con hambre, ni mucho menos, es dejar de comer un rato. Eso es lo que hace el mundo cuando quiere bajar de peso, o desintoxicarse; lo que hace la Iglesia cuando ayuna es otra cosa completamente distinta, es una declaración de guerra contra la carne y una carta de amor al cielo que dice: Te necesito más a Ti que al pan que sostiene mi cuerpo. Y aquí quiero que te detengas un momento, porque esa frase, si la dices en serio, te va a costar.

La carne grita, pero el Espíritu manda
Vives en guerra todos los días, aunque no lo sientas. De un lado, la carne pidiendo comodidad, satisfacción inmediata, gratificación ahora mismo. Del otro lado, el Espíritu llamándote a algo más alto. El ayuno no mata la carne, eso ya lo hizo la cruz, pero sí la sienta en la silla que le corresponde: debajo, no encima. Cada punzada de hambre en tu estómago es una oportunidad, un micrófono abierto al cielo donde puedes decir: Señor, te elijo a Ti, no es sufrimiento sin sentido, es entregarle tus debilidades; es tu espíritu ejercitando músculos que llevaban meses dormidos mientras tu cuerpo aprendía, poquito a poco, a callarse; y aquí está el secreto que nadie te dijo en la escuela dominical: entre más se calla tu carne, más fuerte habla Dios.
Vacío para que Él me llene
Escúchame bien: Dios no llena lo que ya está lleno. Puedes orar pidiendo más unción, más revelación, más poder de lo alto y seguir tan lleno de ti mismo que no hay espacio donde Dios pueda entrar. Lleno de preocupación, de orgullo, de yo puedo solo, de un millón de distracciones que gritan más fuerte que tu oración de la mañana. El ayuno es la única disciplina que te vacía a propósito, y no es coincidencia que cada vez que la Biblia narra un momento de dirección divina, de arrepentimiento genuino, de avivamiento real ahí está el ayuno, abriendo la puerta.
Moisés en el monte, David clamando por su pecado, Ester jugándose la vida por su pueblo, los discípulos buscando poder para lo que sólo Dios podía hacer. Ninguno de ellos llegó lleno, todos llegaron vacíos, y por eso Dios pudo entrar. Si hoy te sientes seco, estancado, sin fuego pregúntate cuánto tiempo hace que no te vacías delante de Él a propósito.
Del desierto al trono: El patrón de Jesús
Antes de sanar un solo enfermo, antes de expulsar un solo demonio, antes de predicar un solo sermón, Jesús hizo algo primero: se fue al desierto y ayunó cuarenta días; no lo hizo porque estuviera débil, lo hizo para enseñarte dónde nace el poder de verdad. No nace en la plataforma, ni mucho menos en el aplauso, sino que nace en lo secreto, en la intimidad, en esos días donde nadie te ve y solo Dios sabe lo que te está costando. Y fíjate en el orden: primero el ayuno, después la confrontación con Satanás, después el poder para cumplir la misión, y este sigue siendo el patrón hoy. Dios no le da autoridad pública a quien no ha sido probado en privado; Él antes de ponerte en la plataforma, te va a llevar al desierto, y lo que hagas en ese desierto si te rindes o si persistes va a determinar con cuánta autoridad caminaras después; porque quien vence en lo secreto, gobierna en lo público, así de simple.
Amado lector, el ayuno no es una carga que Dios te impone, es un privilegio que muy pocos se atreven a tomar, es tu oportunidad de decirle a Dios, con hechos y no solo con palabras, que Él vale más que cualquier necesidad temporal que tu carne pueda desear. Cada día que ayunas, tu dependencia del Señor se hace más fuerte, tu visión espiritual se limpia, y algo dentro de ti, te recuerda que no vives solo de pan, sino de la presencia de Aquel que es el Pan de Vida. Una iglesia que ora y ayuna no es una iglesia religiosa, es una iglesia peligrosa para el infierno, sensible al Espíritu, y se mantiene firme cuando llega la tormenta.
Marcos 9:29 RVR1960|Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.
¿Ya perdiste la cuenta de la última vez que ayunaste con propósito? Hoy es un buen día para empezar. Comparte esta palabra con alguien que necesita recordar de dónde viene el verdadero poder.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960