Lucas 5:5 RVR1960|Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.
Hay barreras que se pueden derribar y hay barreras que primero hay que reconocer. Las más peligrosas no están delante de nosotros, sino dentro. Cadenas que no se ven o heridas que nadie nota desde afuera, pero que terminan decidiendo cómo pensamos, sentimos y actuamos cada día. Un rechazo de niño puede convertirse en inseguridad de adulto o una traición puede volverse una desconfianza permanente; y sin darnos cuenta, empezamos a vivir detrás de frases que suenan a protección pero son en realidad jaulas que el enemigo usa para impedir que avancemos: «Ya lo intenté.» «No volveré a arriesgarme.» «Dios no lo hará conmigo.»

Pedro conocía esa barrera de cerca. Había trabajado toda la noche sin pescar nada; había invertido tiempo, esfuerzo y experiencia en vano. Tenía toda la razón humana para no volver a intentarlo. Pero cuando Jesús habló, esa palabra hizo algo que la noche entera de esfuerzo no logró, y fue que derribó lo que el fracaso había construido por dentro, porque el verdadero milagro casi nunca ocurre primero en las circunstancias, sino que ocurre en el alma.
1. Las barreras del alma nacen de heridas que nunca sanaron. No aparecen de un día para otro, se forman despacio. Una palabra hiriente, un abandono, hasta que la herida deja de ser solo dolor y empieza a convertirse en una conclusión sobre quiénes somos. Ya no pensamos en que estoy herido, sino que empiezo a pensar que yo soy así. Y ahí la herida deja de ser un momento del pasado y se vuelve una identidad personal que cargamos.
Moisés tuvo que vencer el rechazo. José, la traición de sus hermanos. David, la persecución de Saúl. Pedro, el fracaso de una noche entera, porque el enemigo sabe que si logra herir tu alma, puede frenar tu propósito; porque una persona herida sigue teniendo talento, llamado y unción, solo que paralizados por algo que pasó hace años.
2. Las barreras del alma frenan el avance hacia el propósito. Pedro pudo haber dicho: Ya lo intenté toda la noche, no volveré a lanzar las redes, y habría tenido razón. La lógica, la experiencia, el oficio, todo estaba de su lado; pero la fe no se mueve por lo que ya viviste. Se mueve por lo que Dios dice ahora. Y ahí está el problema con las barreras del alma, te hacen interpretar cada oportunidad nueva a través del fracaso viejo. Entonces dejas de esperar un milagro porque la última vez oraste, no viste respuesta, o dejas de amar con libertad porque alguien te hirió, o dejas de emprender porque alguna vez perdiste. Muchas veces Dios ya abrió la puerta, pero seguimos encerrados en lo que pensamos sobre nosotros mismos.
3. La palabra de Dios tiene poder para derribar lo que la herida construyó. La respuesta de Pedro es una de las declaraciones de fe más contundentes de toda la Escritura: Mas en tu palabra echaré la red. Es como si dijera: mi experiencia dice una cosa, pero tu palabra dice otra, y voy a creerte a ti. Así se derriban las barreras del alma, no solo con fuerza de voluntad, ni con el simple paso del tiempo, sino cuando la verdad de Dios confronta de frente la mentira que el dolor sembró por dentro. Cuando Jesús le habló a Pedro, no solo llenó sus redes, sino que sanó algo antes de eso. Y cuando Dios te habla hoy, hace exactamente lo mismo: restaura los sueños que habías enterrado y te devuelve la esperanza que creías perdida.
Amado lector: muchas veces esperamos que Dios cambie nuestras circunstancias, mientras Él está trabajando primero por dentro. Quizás alguien te hirió, o un negocio fracasó, o una puerta se cerró. Pero ninguna barrera es más fuerte que la voz de Dios. Pedro pudo haberse quedado limpiando las redes vacías. En cambio, decidió obedecer una vez más, y donde había frustración, apareció abundancia, porque la última palabra nunca la tiene tu herida, la tiene Dios. Amen.
Isaías 43:18-19 RVR1960|18 No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. 19 He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960