Dios sigue sanando aún en estos tiempos

Marcos 5:34  RVR1960|Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

La enfermedad es una de las experiencias más duras que puede vivir una persona. No es solo el cuerpo el que sufre, también se cansa el alma, se nublan los pensamientos y, muchas veces, la fe empieza a tambalearse. Cuando la enfermedad se alarga, es normal que lleguen el desánimo y la sensación de que nada va a cambiar, y que el mañana va a ser igual al hoy.

Pero la Palabra de Dios nos dice algo diferente. Durante todo su ministerio, Jesús se acercó a los enfermos, no los ignoró, ni mucho menos los esquivó. Se detenía, los miraba, los tocaba. Y lo que hizo entonces, lo sigue haciendo hoy porque Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Su poder no ha disminuido, ni su amor ha cambiado; Él todavía tiene la capacidad de sanar el cuerpo, fortalecer el espíritu y sanar las emociones. La enfermedad no tiene la última palabra, Dios la tiene.

1. Dios no ve una enfermedad, te ve a ti. Cuando la mujer del flujo de sangre se abrió paso entre la multitud para tocar el manto de Jesús, llevaba doce años cargando su condición. Doce años de médicos, de gastos, de fracasos y de vergüenza social. Para muchos, ella era simplemente la enferma, pero para Jesús, era su hija. 

Eso es exactamente lo que hace Dios contigo; Él no te mira y ve sólo un diagnóstico o una condición médica, te ve a ti con tu historia, con tus luchas, y valentía. La enfermedad puede tocar tu cuerpo, pero no puede borrar lo que eres ni el propósito que Dios tiene para tu vida. Quizás otros solo ven las limitaciones, pero Él sigue viendo posibilidades, y a alguien sobre quien puede manifestar su gloria.

Lo primero que Jesús le dijo a aquella mujer no fue ya estás sana, sino que la llamó: Hija. Le devolvió su identidad antes de devolverle la salud; y hoy Dios quiere recordarte eso, eres mucho más que lo que estás enfrentando.

2. Dios sigue siendo especialista en lo imposible. Después de doce años, las posibilidades humanas de aquella mujer estaban agotadas. Había hecho todo lo que estaba a su alcance, y aun así seguía igual. Pero un solo contacto con Jesús cambió lo que nadie había podido cambiar. Nuestro Dios sigue siendo el mismo.

Hay enfermedades que los médicos consideran muy difíciles, e incluso tratamientos que se sienten interminables, y diagnósticos que por causa del miedo se vuelven difícil de nombrar. Y está bien reconocer que duele, que es duro, que hay momentos en que uno no sabe cómo seguir, pero por encima de cualquier informe médico, debes recordar que está la autoridad del Señor.

Esto no significa ignorar los tratamientos que Dios ha permitido desarrollar en la ciencia, sino que nuestra confianza no está en los recursos humanos, sino en el Dios que tiene dominio sobre toda la creación. Cuando el hombre llega hasta donde puede, Dios sigue teniendo el control; Él puede traer mejoría donde parecía imposible, y aun en la espera, dar la fortaleza para atravesar el proceso sin quebrarse.

3. Él también sana lo que no se ve. Una de las heridas más profundas de la enfermedad no siempre es física. El cansancio emocional, la tristeza que se acumula, el miedo a lo que pueda venir, la incertidumbre de no saber cuánto tiempo más, todo eso pesa, y en ocasiones hasta se vuelve más pesado que el propio dolor físico.

Por eso Jesús nunca se limitó a sanar cuerpos, también restauraba corazones; porque Él conoce las lágrimas que se derraman en las noches cuando nadie está mirando; conoce las oraciones que se hacen en silencio, y las preguntas que uno no se atreve a decir en voz alta; Él está ahí en cada uno de esos momentos.

Amado lector, si hoy estás atravesando una enfermedad, o estás al lado de alguien que la enfrenta, quiero que sepas esto: no estás solo en esto. Dios conoce tu dolor, entiende tu cansancio y está escuchando cada una de tus oraciones, incluso las que salen a medias. El mismo Jesús que se detuvo en medio de una multitud para atender a aquella mujer, sigue deteniéndose hoy para escuchar el clamor de sus hijos. Su poder sigue siendo capaz de sanar el cuerpo, restaurar el alma y renovar las fuerzas de quienes confían en Él. Así que no dejes de creer, mantén la mirada en Cristo, porque donde llega su presencia, también está naciendo la esperanza. Amen. 

Jeremías 30:17 RVR1960|Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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