Génesis 26:2-3 RVR1960|2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. 3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre.
Una de las reacciones más comunes del ser humano frente a la crisis es huir. Cuando las cosas se complican, cuando llega la escasez, cuando las puertas en vez de abrirse se cierran, cuando el futuro se ve tan incierto, la tendencia natural es buscar una salida rápida. Isaac experimentó exactamente eso. La Biblia dice que hubo hambre en la tierra, una situación que amenazaba su estabilidad, su familia y sus recursos. Egipto parecía la solución lógica, porque históricamente era un lugar de provisión en tiempos de escasez. Sin embargo, Dios tenía otros planes. Lo que parecía un problema externo en realidad era una prueba interna. Dios no solamente estaba interesado en suplir la necesidad de Isaac; estaba interesado en formar su fe. Antes de cambiar las circunstancias, Dios quiso hablar a su corazón; porque la bendición no estaba en Egipto; la bendición estaba en la obediencia.

Notemos esto:
I- La crisis no siempre es una señal para moverse; a veces es una oportunidad para escuchar a Dios. Cuando llegó la hambruna, Isaac comenzó a dirigirse hacia Egipto. Humanamente tenía sentido, porque había menos riesgo, más oportunidades y aparentemente mejores condiciones. Sin embargo, en Génesis 26:2 Dios se le apareció antes de que llegara y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Esto nos enseña que no toda puerta abierta proviene de Dios y que no toda solución lógica es necesariamente Su voluntad, muchas veces el temor intenta dirigir nuestras decisiones antes que la fe, porque la crisis tiene la capacidad de nublar nuestra visión y hacernos actuar impulsivamente. Pero Dios quería que Isaac entendiera que su provisión no dependía de la economía de Egipto, sino de la fidelidad del cielo.
Hay momentos en que la presión nos empuja a correr, rendirnos o abandonar lo que Dios nos entregó. Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando más necesitamos detenernos y escuchar la voz del Señor, y aunque las circunstancias puedan gritar, la voz de Dios siempre debe tener la última palabra.
II- Permanecer en el lugar de la obediencia abre la puerta a la presencia de Dios. La orden fue clara: permanecer. Dios le dice en Génesis 26:3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré;… Lo interesante es que la situación no cambió inmediatamente después de recibir esa palabra. La tierra seguía atravesando hambre. Isaac tuvo que decidir si confiaría en lo que veía o en lo que había oído. Muchas veces queremos que Dios elimine el problema para obedecer, pero Dios espera que obedezcamos aun cuando el problema permanezca. La fe verdadera no consiste en caminar cuando todo está claro, sino en permanecer cuando todo parece incierto. La gran promesa que Dios le dio a Isaac no fue solamente prosperidad futura, sino Su presencia.
Estaré contigo, es la promesa más valiosa que cualquier recurso material. Cuando permanecemos donde Dios nos ha puesto, descubrimos que la seguridad no está en el lugar, sino en la compañía de Dios. El territorio puede ser difícil, pero si Dios está allí, también está la gracia necesaria para sostenernos.
III- Las promesas de Dios florecen en el terreno de la perseverancia. Lo extraordinario de esta historia es que Isaac obedeció. No huyó, no descendió a Egipto, sino que permaneció donde Dios le había dicho que permaneciera. Y entonces ocurrió algo sorprendente, dice: Génesis 26:12 Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová.
Humanamente era imposible. ¿Cómo podía haber una cosecha extraordinaria en medio de una hambruna? Porque cuando Dios bendice, las limitaciones naturales dejan de tener la última palabra. Isaac descubrió que la bendición no estaba en escapar de la dificultad, sino en atravesarla bajo la dirección de Dios. Muchos abandonan demasiado pronto y nunca llegan a ver el fruto de la promesa. Dejan el campo antes de la cosecha, renuncian antes del milagro y retroceden antes de la respuesta, pero Dios honra a quienes perseveran. Las promesas no siempre se cumplen rápidamente, pero siempre se cumplen para quienes permanecen creyendo. Y la misma tierra que parecía incapaz de producir se convirtió en el escenario de una bendición sobrenatural porque Isaac decidió confiar en la palabra de Dios.
Amado lector, La hambruna no fue solamente una prueba de recursos; fue una prueba de confianza. Isaac tuvo que elegir entre la lógica humana y la dirección divina. Egipto representaba la salida rápida; permanecer representaba la fe. Muchas veces Dios nos llama a quedarnos firmes cuando todo dentro de nosotros quiere correr. Nos invita a confiar cuando no entendemos, a esperar cuando no vemos resultados y a creer cuando las circunstancias parecen contradecir Sus promesas. Si Dios te ha dado una palabra, no permitas que la crisis te haga abandonar tu posición, porque la misma voz que te llamó es la misma voz que te sostendrá. Mira, la fidelidad de Dios no depende de las condiciones del entorno, porque cuando permanecemos donde Él nos ha plantado, descubriremos que aun en tiempos de hambre el cielo sigue teniendo recursos ilimitados para cumplir con cada una de Sus promesas.
Isaías 40:31RVR1960|pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960