Gálatas 6:14 RVR1960|Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
La cruz no fue solo el lugar donde Cristo murió; fue el lugar donde Dios abrió el camino para restaurar al hombre. Allí nacen el perdón, la salvación, la identidad y la victoria del creyente. Muchos conocen a Cristo como Salvador, pero pocos permanecen bajo su cobertura; porque permanecer bajo la sombra de la cruz significa vivir en dependencia de Él, confiando en su obra aun en medio de la tormenta. La fe verdadera no nace de las emociones, sino de la revelación de Cristo crucificado. La cruz nos recuerda que si Dios entregó a su Hijo por nosotros, tampoco nos abandonará en el desierto.

Notemos esto:
I- La cruz nos enseña a depender de Cristo. Muchos creyentes viven agotados porque intentan sostener su vida espiritual con sus propias fuerzas. Pero la cruz vino a romper la autosuficiencia humana. Allí murió nuestro orgullo y nació una nueva vida en Cristo. Jesús no sólo murió para perdonarnos; murió para ser nuestra fuerza, nuestra paz y nuestra esperanza. Cuando sentimos que no podemos más, la cruz nos recuerda que la victoria no depende de nuestra capacidad, sino de la obra terminada de Cristo. El enemigo quiere hacerle creer al creyente que Dios se cansó de él, pero la cruz declara lo contrario: Todavía hay misericordia, gracia y acceso al Padre.
II- Permanecer bajo la sombra del Altísimo es vivir en su presencia. El Salmo 91 habla del que habita bajo la sombra del Omnipotente, y habitar implica permanecer. Dios no busca creyentes que lo busquen solo en la crisis, sino hijos que vivan cerca de su presencia. La cruz abrió el acceso al Padre. Cuando Jesús murió, el velo fue rasgado y ahora podemos acercarnos libremente a Dios. Allí encontramos refugio, paz y fortaleza aun en medio de las pruebas. Muchas batallas no se vencen con desesperación, sino permaneciendo bajo la cobertura de Dios, y el que permanece cerca de Cristo podrá atravesar desiertos y luchas, pero no será destruido, porque la mano de Dios lo sostiene.
III- Cristo en nosotros es nuestra seguridad. La cruz no terminó en muerte, sino en resurrección. Cristo vive hoy en nosotros por medio de su Espíritu. Esa verdad cambia nuestra manera de caminar, porque ya no vivimos desde la derrota, sino desde la victoria de Jesús. El enemigo quiere hacer sentir sólo al creyente, pero Dios decidió habitar dentro de nosotros. En medio del dolor, del cansancio o de la incertidumbre, Cristo permanece fiel. Aunque a veces no entendamos el proceso, la fe nos sostiene porque sabemos quién camina con nosotros. La cruz levantó hombres y mujeres rotos para convertirlos en templos del Espíritu Santo.
Amado lector: La cruz sigue siendo el lugar más seguro para el creyente; allí muere el temor y renace la fe. Permanecer bajo la sombra del Altísimo no significa ausencia de tormentas, sino la presencia de Dios en medio de ellas. No importa cuán fuerte sea la batalla o cuán largo parezca el desierto; si Cristo está con nosotros, todavía hay victoria. Amen.
Gálatas 2:20 RVR1960|Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960