Levántate y sal del encierro, Dios te dio la victoria.

Lucas 4:25-26 RVR1960|25 Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; 26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.

Cuando Jesús menciona la historia de la viuda de Sarepta, no la cuenta como un simple milagro, sino como una revelación poderosa: Había muchas viudas, pero el profeta Elías fue enviado a una sola. Confrontando de esta manera nuestra teología emocional, ya que nos gustaría pensar que Dios reparte sus intervenciones de manera uniforme, pero Jesús deja claro que no todos reciben la misma visitación, no porque Dios sea injusto, sino porque no todos responden de la misma manera.

La viuda no era perfecta, ni fuerte, ni abundante. Pero había algo en ella, y era la disposición que, aunque estaba envuelta en dolor, podía responder y obedecer la palabra con fe.  Y hay otro detalle poderoso, y es que ella no se encontró con la palabra encerrada en su casa, ella salió; salió en medio de su crisis, en medio de su último día, en medio de su agotamiento, y fue en ese movimiento donde se cruzó con la voz de Dios. Esto nos enseña que hay encuentros divinos que no ocurren en el encierro del desánimo, sino en el paso de fe, aunque sea débil.

Notemos esto:
I- Dios dirige su palabra hacía corazones dispuestos y no perfectos. Cuando Jesús dice que Elías fue enviado a una sola viuda, nos revela que la dirección de Dios no es aleatoria; Él no lanza palabras al vacío esperando suerte, sino que dirige sus instrucciones con intención. Pero esto no significa que la viuda ya era fuerte o ejemplar. De hecho, cuando aparece, está en su punto más bajo: sin recursos, sin esperanza, preparando su última comida. Entonces, ¿por qué ella? Porque Dios no busca perfección previa, sino gente dispuesta. La Biblia nos revela que Dios no escoge al más fuerte, sino que escoge al que puede decir sí, aunque le tiemble el alma.

II- Hay encuentros con Dios que solo ocurren cuando decides salir. La Biblia dice que la viuda estaba recogiendo leña a la puerta de la ciudad, y ese detalle es más profundo de lo que parece; porque ella pudo haberse quedado en casa, paralizada por el dolor, consumida por el desánimo. Tenía razones y argumentos para rendirse y no moverse. Pero decidió salir, y fue en esa salida donde se encontró con el profeta; y esto es clave, porque no todos los encuentros con la palabra ocurren en el altar o en momentos de oración profunda. Algunos ocurren en medio de tareas simples, cuando decides no quedarte atrapado en tu dolor y decides avanzar, aunque no tengas fuerzas. El movimiento, aunque sea pequeño, te posiciona en el lugar del encuentro, así que avanza y suelta las cadenas del temor. 

III- La obediencia activa lo que Dios ya había determinado. Cuando Elías le habla, la palabra que estaba en el cielo desciende a su realidad. Ya Dios había dicho: una viuda lo sustentará; pero esa palabra necesitaba ser activada en la tierra, y la activación ocurrió cuando ella obedeció. Aquí se une todo: Dios dirige la palabra, el hombre la recibe, y la obediencia la materializa. Cuando la viuda decide hacer el pan primero para Elías, no solo está ayudando a un profeta, está entrando en el cumplimiento de un diseño divino. Entonces ocurre lo sobrenatural: la harina no escasea, el aceite no se agota. 

Pero observa esto: el milagro no comenzó antes de la obediencia, comenzó después. Muchos quieren ver para obedecer, pero en el Reino, primero obedeces para ver, y esa obediencia no solo la sostuvo a ella, sino también su casa; porque una decisión en un momento crítico se convirtió en provisión continua para su casa.

Amado lector: La viuda no fue elegida por ser la mejor, fue posicionada porque estaba disponible para responder. No era perfecta, pero sí sensible, y en ese movimiento, se encontró con la palabra que cambiaría su historia. Jesús mismo resaltó que había muchas, pero solo una vivió ese encuentro. Eso nos llama a reflexionar: no basta con estar en necesidad, hay que estar disponible para obedecer la palabra con fe.  
Dios sigue hablando hoy, y sigue enviando palabra, buscando corazones que, aunque estén heridos, no estén cerrados. Y muchas veces, el primer paso no es entender todo, sino salir. Salir del encierro, del desánimo, de la pasividad y caminar, aunque no veas claro; porque puede que, en ese paso sencillo, te estés dirigiendo al lugar donde la palabra de Dios te está esperando.

1 Reyes 17:10-11 RVR1960|10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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