Una cita en el pozo con el Mesías

Juan 4:4 RVR1960|Y le era necesario pasar por Samaria.

Para ir de Judea a Galilea, el camino más corto pasaba por Samaria; pero muchos judíos de aquel tiempo preferían dar la vuelta larga para no pisar la tierra de un pueblo que despreciaban, mas Jesús no dio la vuelta. El texto dice que le era necesario pasar por allí. En griego, el verbo es edei, y habla de una necesidad divina, no de comodidad; no le movía el ahorro de tiempo; tenía una cita, y la cita era con una mujer que llegó a un pozo cargando una historia de vergüenza y de dolor que, seguramente, nadie le preguntaba.

Si alguna vez te sentiste descartado, señalado o demasiado marcado por tu pasado para que Dios se fije en ti, esta palabra es tuya, porque Cristo está dispuesto a cruzar el camino que otros evitan con tal de encontrarte.

Jesús fue a buscarla
La Escritura dice que Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta, el mediodía; muchos piensan que ella fue a esa hora porque el calor aleja a todos y así evitaba las miradas. El texto no lo dice, pero encaja con lo que viene después; ella llegó creyendo que iba a un pozo normal. No sabía que iba a una cita, Él ya estaba ahí, esperándola. Y fíjate cómo empezó la conversación; no con un reproche, sino con una petición: Dame de beber. El Creador del agua, cansado y con sed, le pide agua a una mujer. Ella no se lo esperaba y respondió sorprendida: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?

Jesús ya había dicho para qué vino: El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.  No esperó a que ella limpiara su vida para acercarse; no le importó su historial ni su fama, le importó ella. El Salvador no es el que se queda esperando en el templo a los que ya están limpios, es el que sale al pozo del mediodía a buscar a los que creen que no tienen arreglo.

Valoró lo que otros descartaban
A esa mujer, y no a un rabino, le habló Jesús de una de las promesas más hermosas del Evangelio: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. Y le prometió que el agua que Él daba sería una fuente de agua que salte para vida eterna; habló con ella de adoración, y le dijo que el Padre busca adoradores. 

Escucha bien, entre los que el Padre buscaba estaba una mujer que había tenido cinco maridos. Dios no mide tu valor por tu pasado, lo mide por el propósito que tiene contigo; lo que otros llaman un caso perdido, Jesús lo llama una adoradora. Cuando la conversación tocó el punto más sensible de su vida, ella no huyó ni se puso a debatir teología; solo le dijo: No tengo marido. Y Jesús respondió: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. 

Fíjate que Jesús no usó la verdad como un látigo, sino que la usó como una puerta. Cuando la verdad se dice en un lugar de gracia, no destruye; libera. Poco a poco cambió su manera de ver a quien tenía enfrente. Primero era un judío, después profeta, y al final se preguntó: ¿No será éste el Cristo? e hizo esa pregunta, porque ya se le había revelado quién era Jesús. 

Dejó el cántaro y corrió
Hay un detalle pequeño que dice mucho: Entonces la mujer dejó su cántaro. Ese cántaro era la razón por la que había venido; pero cuando encontró la fuente, dejó de aferrarse al recipiente, soltó lo que cargaba y salió corriendo hacia lo que acababa de encontrar.

Y corrió a donde menos quería ir, a la ciudad, con los mismos hombres que antes la miraban de reojo. Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? La mujer que no quería ser vista se convirtió en mensajera; lo que antes era su secreto, ahora era su testimonio. Sin preparación, sin cargos, sin plataforma, una mujer restaurada llevó a un pueblo entero a los pies de Jesús. La Escritura ni siquiera registra su nombre, y aun así muchos creyeron en él por la palabra de esta mujer.

Y mira cómo termina este pasaje, los samaritanos le dijeron: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo. Tu testimonio abre la puerta, pero quien los transforma es Jesús, cuando ellos mismos se encuentran con Él; tu historia redimida es justo lo que alguien más necesita escuchar para atreverse a ir al pozo.

Amado lector, Jesús tenía que pasar por Samaria porque tenía que pasar por tu vida; no te mira con asco, te mira con propósito. Él no espera que seas perfecto, espera que dejes tu cántaro, y cuando bebas de Su agua, ya no vas a ser el mismo, tu identidad se restaura, tu vergüenza se vuelve testimonio y tu historia abre camino para otros. Así que declaro sobre ti que se quiebra toda etiqueta que otros te pusieron, que se activa lo que Dios depositó en ti y que vas a ser fuente de agua viva para los que todavía tienen sed.

Si quieres, orar conmigo, dile: Señor, gracias porque viniste a buscarme sin importarte mi pasado. Hoy dejo mi cántaro, dejo mi vergüenza, dejo todo lo que me ataba; dame de Tu agua viva, restaura mi identidad y úsame para llevar a otros a Ti. En el nombre de Jesús, amén.

2 Corintios 5:17 RVR1960|De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

¿Hay un cántaro que todavía no te atreves a soltar? Jesús te está esperando en el pozo. Comparte esta palabra con alguien que necesita saber que su historia no lo descalifica. Amen. 

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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