Daniel 3:17-18 RVR1960|17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. 18 Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.
El rey Nabucodonosor había construido una estatua de oro y ordenado que todos se postraran ante ella. Sadrac, Mesac y Abed-nego se negaron, y el castigo fue inmediato; fueron enviados al horno de fuego por su desobediencia, el cual fue calentado siete veces más de lo normal. El rey les dio una última oportunidad para que se pudieran explicar, casi retándolos a defender su postura, pero la respuesta de estos tres hombres es una de las declaraciones de fe más radicales de toda la Escritura, porque ni siquiera necesitaron garantizar el resultado para sostenerse firme.

Nuestro Dios puede librarnos, eso es fe y después viene la frase que lo cambia todo: Y si no… Ellos no sabían si Dios iba a intervenir de manera visible ese día, pero aun así comprendía que cualquiera decisión que Dios tomara obraba para bien en sus vidas; y esa es la fe indefendible, la que ya no necesita un resultado garantizado para seguir siendo fiel.
Una fe que dejó de necesitar defenderse
La mayoría de nuestras defensas espirituales nacen de la inseguridad, la necesidad de que otros nos crean, de justificar nuestra postura, de tener una respuesta lista para cada pregunta incómoda. Sadrac, Mesac y Abed-nego no le dieron al rey ningún argumento elaborado. No intentaron convencerlo con lógica ni con teología impecable, simplemente dijeron lo que creían, sin necesidad de que Nabucodonosor quedara convencido.
El apóstol Pablo escribió: La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. La fe verdadera nace de haber escuchado a Dios, no de ganar un debate. Cuando tu fe ya no necesita que el mundo la apruebe para seguir siendo real, dejas de gastar energía defendiéndola y empiezas simplemente a vivirla, y eso es exactamente lo que hicieron estos tres hombres frente al rey más poderoso de su tiempo.
Una fe que ve más allá de lo que el fuego puede hacer
Ellos sabían perfectamente lo que era un horno de fuego ardiendo; no estaban ignorando el peligro ni fingiendo valentía. Su fe no negaba la realidad del fuego, veía una realidad todavía más grande detrás de él. David escribió: Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo. No dice que el valle desaparece, dice que hay Alguien presente en medio de él que es más grande que la sombra.
Cuando tu fe está anclada en lo que ya has visto a Dios hacer, en Su fidelidad comprobada una y otra vez, las circunstancias del presente dejan de tener la última palabra. El fuego seguía siendo fuego, pero la fe de estos tres hombres ya había decidido de antemano que Dios seguía siendo Dios, pasara lo que pasara dentro de ese horno.
Una fe que el enemigo no puede tocar
Lo que pasó después es asombroso, el rey miró dentro del horno y vio no a tres, sino a cuatro hombres caminando libremente entre las llamas, sin ninguna atadura. Cuando los sacó, el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado. El fuego, diseñado para destruirlos, ni siquiera dejó olor a humo en su ropa.
Jesús dijo: Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho; es decir que cuando tu fe está tan arraigada en Dios que ya no depende de lo que el enemigo pueda amenazar, él se encuentra con un terreno que no puede tocar; no porque tú seas especialmente fuerte, sino porque tu fortaleza proviene de Jehová de los Ejércitos.
Amado lector, esta clase de fe no se construye con pensamiento positivo ni con fuerza de voluntad. Se construye igual que se construyó en Sadrac, Mesac y Abed-nego, y es escuchando a Dios, viéndolo actuar, y decidiendo de antemano que Él sigue siendo digno de confianza, tenga o no la respuesta que esperas, esa es la fe que camina dentro del horno, sin necesidad de que nadie la defienda por ella. Amen.
1 Juan 5:4 RVR1960|4 Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.
¿Tu fe depende de que Dios te dé el resultado que esperas, o puede sostenerse incluso si Él dice no? Esa es la fe que ningún fuego puede tocar. Comparte esta palabra con alguien que también necesita una fe que ya no tenga que defenderse.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960