Hebreos 12:15 RVR1960|Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
La amargura tiene una cualidad engañosa: se siente como protección, pero funciona como veneno. Nace, casi siempre, de una injusticia real, de un dolor que nunca fue reparado, una expectativa legítima que fue traicionada, por eso se justifica tan fácilmente. El problema nunca fue el origen de tu dolor, el problema es lo que haces con él cuando decides conservarlo en vez de procesarlo delante de Dios. El autor de Hebreos usa una imagen agrícola precisa, y es una raíz, porque las raíces no se ven a simple vista; crecen bajo la superficie, y aun así, determinan lo que crece por encima de la tierra. Así funciona la amargura, puede quedarse invisible durante años, alimentando en silencio actitudes, palabras y reacciones que parecen no tener explicación aparente, hasta que finalmente contamina, no solo a quien la carga, sino a todos los que están a su alrededor.

Cada vez que revives la ofensa, la vuelves a abrir
Cada vez que traes de vuelta a tu mente una ofensa, no solo la recuerdas. La reafirmas; tu mente no distingue del todo entre el evento original y su repetición mental, así que cada vez que regresas a esa escena, la herida se abre otra vez con casi la misma intensidad que la primera. Por eso hay quien siente el mismo dolor de algo que pasó hace veinte años como si hubiera sido ayer. Liberar tu corazón de la amargura te va a exigir interrumpir conscientemente ese ciclo de repetición. Eso no significa negar que el dolor fuera real, significa decidir que ya no vas a alimentar la raíz cada vez que la memoria intente regresar a ese lugar, sino que dejas de alimentar, y con el tiempo pierde la fuerza que antes tenía sobre ti.
La amargura te convierte en guardián de tu propia cárcel
Hay una ironía dolorosa en la amargura, entre más la sostienes como forma de hacer justicia con quien te hirió, más te conviertes tú mismo en prisionero de esa persona o de ese evento; quien te ofendió puede haber seguido adelante con su vida completamente ajeno al peso que tú sigues cargando, mientras tú permaneces atado emocionalmente a un momento que quizás ni siquiera recuerda. La amargura promete darte control sobre tu dolor, pero en realidad, te quita el control sobre tu propio presente, y cada área de tu vida que la amargura ocupa; es una porción de libertad que dejas de disfrutar, no porque el ofensor te la haya quitado directamente, sino porque tú mismo decides seguir entregándosela día tras día.
La gracia de Dios es más grande que tu ofensa
Este versículo de Hebreos advierte que la raíz de amargura hace que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios. Escucha bien lo que eso significa: La amargura no se queda solo en lo emocional, puede llegar a bloquear tu acceso a la gracia que Dios tiene disponible para ti, porque estás tan enfocado en la deuda que otro tiene contigo, que dejas de recibir lo que Dios quiere darte gratuitamente. Liberar tu corazón de la amargura no significa minimizar lo que sufriste, significa reconocer que la gracia de Dios es lo suficientemente grande para cubrir tanto tu herida como la deuda de quien te ofendió. Cuando entiendes la magnitud de la gracia que tú mismo has recibido, se vuelve mucho más sostenible soltar la exigencia de que otros paguen exactamente lo que sientes que te deben.
Amado lector: La raíz de amargura puede haber crecido durante años sin que la reconocieras del todo, alimentando actitudes que ni tú mismo entendías. Hoy Dios te invita a permitirte arrancar esa raíz de manera definitiva, no para que finjas que el dolor nunca existió, sino para que dejes de permitir que ese dolor siga determinando tu presente y tu futuro. La libertad que Dios ofrece es mayor que cualquier ofensa que hayas recibido. Amen.
Efesios 4:31-32 RVR1960|31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
¿Hay una raíz de amargura que has cargado en silencio? Hoy es el día para llevarla delante de Dios y dejar que Él la arranque de raíz. Comparte esta palabra con alguien que también necesita soltar lo que le mantiene preso.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960