Lucas 4:1-2 RVR1960|Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto 2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.
Fíjate bien en esto, Jesús no cayó en el desierto por accidente, ni fue arrastrado allí por el diablo. Fue el Espíritu Santo quien lo llevó. Eso cambia todo. El desierto no era su castigo, era su lugar de formación; y si el Espíritu llevó al Hijo de Dios a un lugar de ayuno antes de entregarle el ministerio, ¿qué te hace pensar que tú vas a recibir tu propósito sin pasar por tu propio desierto? Queremos el poder sin el proceso o la unción sin la formación; pero el Reino no funciona así, y nunca ha funcionado así, antes de la manifestación pública, siempre hay una guerra que se gana en lo secreto.

El hambre expone a quién le obedeces
Cuarenta días sin comer, y justo ahí, en el punto más débil de su cuerpo, llegó el enemigo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. No atacó una debilidad, sino que atacó una necesidad natural, y ese es el juego sucio del diablo, no siempre te tienta con lo malo, muchas veces te tienta con lo bueno fuera de tiempo. El ayuno te entrena para esto exacto; cada vez que tu carne grita y tú te sostienes en Su Palabra en lugar de resolver por tu cuenta, estás declarando victoria antes de decirlo con tu boca, porque tu no vives gobernado por impulso, sino que vives gobernado por la voz del Padre, y esa es la victoria más silenciosa y poderosa que existe.
Dios no forma tu poder en público, lo forma en el desierto
Jesús entró al desierto lleno del Espíritu y salió del desierto en el poder del Espíritu. ¿Ves la diferencia? Estar lleno es una posición, pero caminar en poder es el resultado de un proceso. Nadie se gradúa del desierto igual a como entró; ahí, sin público, sin aplausos, sin nadie mirando, se forjó el carácter que sostendría después toda la unción visible. Y así es contigo, esa temporada donde nadie te ve luchar, donde nadie sabe lo que estás venciendo en oración y ayuno, esa es exactamente la escuela donde Dios está construyendo lo que después el mundo va a ver. No hay atajos para esto, porque las victorias públicas siempre nacen en las batallas invisibles.
El desierto no es el final, es la preparación para tu misión
Cuando Jesús salió de ahí, no salió a descansar, sino a predicar, a sanar, a liberar cautivos, a desatar el Reino de Dios sobre la tierra, porque el desierto nunca fue su destino, sino la plataforma de su lanzamiento. Si hoy estás en una temporada de disciplina, de silencio, de ayuno, de ¿por qué esto es tan difícil? entiende algo, el Padre no te está abandonando, sino que te está formando, está levantando un obrero capaz de sostener el peso de lo que viene después. Entiende esto: Dios no derrama unción sobre gente que no ha pasado por el desierto, y no porque no quiera, sino porque todavía no podrían sostenerla.
Amado lector: el desierto nunca fue el final de su camino, y tampoco lo es el tuyo. Ese es el lugar donde el Espíritu te fortalece para lo que viene, así que no le temas al desierto cuando es Dios mismo quien te lleva a él porque justo donde tu carne se debilita, es donde Él encuentra un corazón rendido para formar en ti el carácter de Cristo. Amen.
Lucas 4:4 RVR1960|Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
¿Conoces a alguien que está viviendo su propio desierto ahora mismo? Compartele este mensaje y recuérdale que Dios no lo ha abandonado, sino que lo está formando ahí.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960