Día 23: Avivados por Su Presencia

Éxodo 33:15 RVR1960|Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

El avivamiento no comienza con multitudes, luces o emociones, sino con la presencia manifiesta de Dios en medio de Su pueblo. Moisés entendía esta verdad, podían tener tierra prometida, leche y miel, victoria sobre enemigos, pero si Dios no estaba con ellos, todo lo demás era vacío. De igual manera hoy, podemos tener ministerios, talentos, recursos o estrategias, pero sin la presencia de Dios, no hay transformación ni salvación. Su presencia es lo que nos da identidad, dirección, y poder para cumplir el propósito divino, porque donde está Su presencia, hay libertad, hay gozo, y vida en abundancia.

Salmos 16:11 RVR1960| Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.

Principios para ser avivados por Su presencia

1. La presencia de Dios nos distingue de todos los demás.
Moisés declaró que lo único que hacía diferente a Israel de las demás naciones era la presencia de Jehová en medio de ellos. Hoy, lo que nos distingue no es el templo, ni el nombre de la iglesia, ni los dones, sino la presencia viva de Dios entre nosotros; cuando Su gloria habita en medio de Su pueblo, incluso los inconversos reconocen que algo distinto está allí, la presencia de Dios es el sello de autenticidad del creyente, incluso podemos imitar formas, pero jamás podremos falsificar Su presencia. Allí donde Su presencia está, hay convicción de pecado, sanidad, restauración y transformación.

Éxodo 33:16 RVR1960| ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?

2. La presencia de Dios enciende lo que está apagado.
Cuando el profeta Elías edificó el altar en el Monte Carmelo, el fuego de Dios descendió y consumió el sacrificio; ese fuego no solo mostró quién era el Dios verdadero, sino que encendió nuevamente al pueblo que estaba dividido entre dos pensamientos. La presencia de Dios es como ese fuego, despierta corazones fríos, derrite la dureza, y enciende la pasión por Él. Muchos corazones están apagados por el cansancio, la rutina o el pecado, pero un toque de Su gloria es suficiente para encender la llamarada nuevamente; el avivamiento no se produce con técnicas humanas, sino con fuego celestial que desciende cuando buscamos Su rostro.

1 Reyes 18:37-39 RVR1960| 37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!

3. La presencia de Dios transforma nuestra vida interior.
En la Biblia se nos dice que al contemplar la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen; el verdadero avivamiento no empieza afuera, sino dentro de nosotros; no se trata solo de ver milagros externos, sino de ser moldeados a la semejanza de Cristo. En la presencia de Dios caen las máscaras, se rompen las cadenas y se sana el corazón, no podemos pretender un avivamiento colectivo si antes no experimentamos un avivamiento personal, y vivarse en Su presencia es ser renovado en la mente, purificado en el corazón y fortalecido en el espíritu.

2 Corintios 3:18 RVR1960|Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Amado lector, el avivamiento no es un evento, es una consecuencia de permanecer en la presencia de Dios; sin Su presencia, caminamos vacíos, pero con Su presencia, somos transformados, encendidos y distinguidos como pueblo santo. Hoy el Señor nos invita a clamar como Moisés: Si tu presencia no va con nosotros, no queremos movernos, porque solo en tu presencia encontraremos la vida que aviva todo lo que estaba muerto en nosotros. 

Oremos juntos, Padre Celestial, reconocemos que nada somos sin ti, perdónanos por los momentos en que hemos buscado hacer las cosas en nuestras fuerzas, sin depender de tu presencia. Hoy clamamos para que nos avives con tu Espíritu, enciende en nosotros el fuego de tu amor y transforma nuestro corazón de adentro hacia afuera; que tu presencia sea nuestra delicia, nuestro gozo y nuestra fuerza cada día, en el nombre de Jesús, amén.

Salmo 80:18 RVR1960|Así no nos apartaremos de ti; vida nos darás, e invocaremos tu nombre.

Con amor,
Sandra Patricia Ventura

Abreviaturas de las diferentes Biblias utilizadas:
RVR1960|Reina-Valera 1960

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