Suelta el orgullo y recibe tu sanidad

2 Reyes 5:10 RVR1960|Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.

Naamán era general del ejército de Siria, un hombre poderoso, respetado, victorioso en batalla y leproso. Cuando llegó a la casa de Eliseo buscando sanidad, esperaba un encuentro a la altura de su rango, que el profeta saliera a recibirlo, invocara el nombre de su Dios, agitara su mano sobre la parte enferma, y lo sanara con un despliegue digno de un general. En cambio, Eliseo ni siquiera salió a verlo, le mandó un mensajero con una instrucción sencilla, casi insultante para alguien de su posición: Ve y lávate siete veces en el Jordán.

Naamán se enojó. El texto dice que se fue furioso, indignado porque esperaba algo espectacular y recibió, en cambio, una instrucción que le pareció absurda. Incluso argumentó que los ríos de su propia tierra eran mejores que el Jordán; estuvo a punto de irse sin recibir su sanidad, no porque Dios no pudiera sanarlo, sino porque su orgullo no le permitía aceptar el camino tan sencillo que Dios había dispuesto.

Dios pide lo sencillo, y tu orgullo lo complica
¿Cuántas veces has esperado que Dios se mueva en tu vida de una manera espectacular, digna de la magnitud de tu problema, y en cambio Él te pide algo que te parece demasiado simple y casi insignificante? Perdonar a alguien que no lo merece, confesar algo que preferirías esconder, obedecer una instrucción concreta que no entiendes del todo o dar un paso pequeño y humilde, en vez de esperar una intervención dramática que confirme la gravedad de tu situación. Naamán casi pierde su sanidad por rechazar lo sencillo, esperando algo que estuviera a la altura de su orgullo; y esto debería hacerte examinar si has estado haciendo lo mismo: rechazando la instrucción sencilla que Dios ya te dio, porque esperabas algo más impresionante, más digno, más acorde a la seriedad de lo que estás enfrentando.

La obediencia es completa, no parcial, es la que activa el milagros
Fíjate en un detalle importante: Eliseo no le pidió a Naamán que se lavara una vez, ni tres veces, le pidió siete veces. Y el texto es claro en que la sanidad llegó después de la séptima inmersión, no antes. Si Naamán se hubiera detenido en la sexta, convencido de que ya había hecho suficiente, no habría visto el milagro completo.

Esto tiene una aplicación directa para tu vida, a veces obedeces parcialmente lo que Dios te pidió, y te frustras porque no ves el resultado completo. Empiezas el proceso de perdón, pero no lo terminas; empiezas a dar el paso de fe, pero te detienes a la mitad, esperando confirmación antes de completarlo. La instrucción de Dios rara vez pide un solo intento, muchas veces pide perseverancia hasta el final, exactamente como Naamán tuvo que sumergirse siete veces completas antes de ver su carne restaurada.

Fue un siervo, no un rey, quien lo convenció de obedecer
Otro detalle que vale la pena notar, y es quien finalmente convenció a Naamán de intentar la instrucción de Eliseo no fue otro general, ni un consejero de alto rango, fue uno de sus propios siervos, alguien sin poder ni influencia, quien se atrevió a decirle: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?

A veces la voz que Dios usa para llevarte de vuelta a la obediencia no viene de donde esperas, no es un líder reconocido, no es alguien con autoridad visible, sino alguien sencillo, cercano, que se atreve a señalarte lo obvio que tu orgullo no te dejaba ver. No desprecies el consejo sencillo solo porque no viene de alguien impresionante; a veces es exactamente lo que necesitas escuchar para completar lo que Dios ya te pidió.

Amado lector, Naamán terminó sumergiéndose siete veces en un río que consideraba inferior, siguiendo una instrucción que le pareció absurda, después de casi perder su sanidad por orgullo, su carne fue restaurada como la de un niño. Si hoy sientes que Dios te ha pedido algo que te parece demasiado simple para la magnitud de tu necesidad, considera que quizás tu sanidad, tu avance, tu milagro, está exactamente del otro lado de esa obediencia sencilla que tu orgullo ha estado resistiendo.

Proverbios 18:12 RVR1960|Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre, Y antes de la honra es el abatimiento.

¿Ha sido tu orgullo lo que te ha impedido obedecer una instrucción sencilla que Dios ya te dio? Tu sanidad puede estar del otro lado de esa humildad. Comparte esta palabra con alguien que también necesita completar lo que Dios le pidió.

Con amor,
Sandra Patricia Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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