Mateo 28:18 RVR1960|Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Necesito que te detengas un momento antes de seguir leyendo; no porque este sea un tema difícil de entender, al contrario, es sencillo. Lo que pasa es que llevamos tanto tiempo diciendo que Jesús es el Señor con la boca, pero que ya casi no lo escuchamos con el corazón. Se convirtió en un saludo, en una firma de correo, en una frase para cerrar la oración. Y el día que eso pasa el día que la confesión más poderosa del universo se vuelve rutinaria algo se apaga por dentro. Pero hoy quiero que la escuches de nuevo, como si fuera la primera vez.

El cielo se sacudió cuando Él resucitó
Cuando Tomás metió los dedos en las heridas del Resucitado y gritó ¡Señor mío, y Dios mío!, no estaba usando un saludo religioso. Estaba pronunciando el nombre que en la tradición hebrea solo le pertenecía a YHWH, Adonai, el Señor, el dueño de todo lo que existe; y ahí estaba con cicatrices en las manos, parado frente a un pescador asustado, siendo reconocido como Dios.
Pablo lo dice sin rodeos en Filipenses 2:9 ese nombre que está sobre todo nombre no es sólo Jesús el maestro, ni Jesús el profeta, es la revelación de que el mismo que se humilló hasta morir en una cruz es el Creador del universo vestido de carne; no estás siguiendo a un hombre bueno, estás postrado ante Dios mismo. ¿Entiendes lo que eso significa para tu vida hoy?
Hay algo que tiene que salir del trono
Romanos 10:9 dice que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, serás salvo. Pero en el primer siglo esa confesión te podía costar la vida, porque en Roma sólo había un señor y era César. Decir que Jesús era Señor era una declaración de guerra contra todo otro poder. Hoy no te van a arrestar por decirlo, pero la confesión sigue siendo igual de costosa, porque sigue exigiendo lo mismo: que salgas tú del trono, y ahí está el problema real. Muchos lo confiesan Señor el domingo y lo gobiernan todo el lunes; lo adoran en la iglesia y lo ignoran cuando hay que tomar una decisión difícil. Lo llaman Salvador pero no le consultan nada, y eso no es señorío, eso es tenerlo de invitado en una casa que todavía crees que es tuya.
El señorío de Cristo no negocia espacios, ni se instala en un cuarto mientras tú administras el resto. Cuando Él entra, entra como Rey, y los reyes no comparten el trono con nadie.
Él no está esperando tomar el control, ya lo tiene
Escucha esto con cuidado: Jesús no dijo toda potestad me será dada. Desde la resurrección, toda autoridad en el cielo y en la tierra ya le pertenece, visible e invisible, lo que entiendes y lo que no entiendes, lo que ves y lo que te aterra. Eso significa que esa situación que hoy parece más grande que Dios, ya está bajo sus pies. Esa enfermedad, esa deuda, esa puerta cerrada, ese pronóstico sin esperanza, no hay nada en tu vida que esté fuera de su jurisdicción. Absolutamente nada. El problema nunca fue que Él no tuviera autoridad, el problema es que muchas veces vivimos como si no la tuviéramos.
Amado lector: hoy no te estoy invitando a repetir una frase, te estoy invitando a una rendición; a soltar el timón, a reconocer que la vida que intentas controlar con tus propias fuerzas ya tiene dueño, y ese dueño es infinitamente más capaz que tú de llevarla a donde tiene que ir. Dilo hoy con todo tu ser, no como saludo, ni como de costumbre, sino como la declaración más real que hayas hecho en tu vida: Jesucristo es el Señor; y cuando lo digas así, el cielo lo reconoce, y en la tierra se tiene que mover a tu favor. Amen.
Romanos 14:9 RVR1960|Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.
¿Hay algo en tu vida que todavía no le has entregado a Él? Comparte este mensaje con alguien que necesite recordar quién tiene la última palabra.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960