En medio de la crisis, Jesús te será revelado

Lucas 5:8 RVR1960|Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.

Las crisis tienen algo que pocas veces notamos mientras las vivimos: no sólo revelan lo que hay en nosotros, sino también nos revela quién es Jesús. Solemos pensar que Dios actúa únicamente para resolver los problemas, especialmente para otros, cuando en realidad su propósito es mostrarnos una dimensión más profunda de quién es Él. Pedro había pasado toda la noche luchando contra una crisis profesional; conocía el oficio, conocía el mar, conocía sus redes y el esfuerzo de su equipo de trabajo, pero aun así, esa noche no hubo resultados. Lo que comenzó como una crisis económica terminó siendo una revelación espiritual, porque Pedro salió a buscar peces, pero terminó encontrando a Cristo.


Cuando la experiencia ya no alcanza
Antes de la pesca milagrosa, Pedro todavía confiaba en lo que sabía hacer. Años de oficio le habían enseñado cuándo, dónde y cómo pescar. Pero Dios permitió una noche de fracaso para mostrarle los límites de su propia capacidad. Muchas barreras del alma nacen de una confianza excesiva en nosotros mismos. Creemos que nuestra experiencia o nuestros recursos bastan para alcanzar el propósito divino, hasta que llega el momento en que ya no alcanzan. Ahí aparece la frustración, porque descubrimos que no teníamos el control que pensábamos tener. La noche vacía de Pedro no fue un castigo, fue una lección: Dios estaba desmontando la seguridad que él había construido sobre sus propias fuerzas. Lo que Pedro no logró producir con horas de esfuerzo, Jesús lo produjo en un instante con una sola palabra.

Una palabra que desafía la lógica
Después de esa noche de fracaso, Jesús habló, y la situación no cambió porque Pedro encontrara una mejor estrategia ni porque descansara un poco más; cambió porque una palabra de Dios entró en medio de su frustración. 

El fracaso le decía: ya lo intentaste; pero Jesús le decía vuelve a lanzar la red. La lógica le decía es demasiado tarde; pero Jesús le decía hazlo otra vez. La voz de Dios siempre desafía las conclusiones que nuestra carne ya acepta como definitivas. Por eso Pedro respondió: Más en tu palabra echaré la red. Ahí comenzó a romperse toda barrera del alma; porque cuando decidimos creerle más a Dios que a nuestras propias heridas,  confiar en su voz es lo que provocará el milagro.

El verdadero milagro es ver a Jesús
Cuando las redes empezaron a llenarse, Pedro no se quedó mirando los peces ni pensando en lo que iba a ganar. Algo más profundo estaba ocurriendo: una revelación de quién era Jesús realmente. El evangelio de Lucas cuenta que Pedro cayó de rodillas. Hasta ese momento, Jesús había sido para él un Maestro, alguien digno de respeto; pero ahora comprendía que estaba delante de alguien infinitamente mayor. Por eso dijo: Apártate de mí, Señor, y esa palabra, Señor, ya no era un simple título de cortesía. La transformación verdadera no llega cuando cambia nuestra situación, sino cuando vemos a Jesús como realmente es. Y cuando eso sucede:cLa frustración da paso a su soberanía, la incredulidad da paso a su poder, y el temor da paso a su grandeza.

La pesca milagrosa fue importante, pero el mayor milagro de ese día no fue una red llena de peces, sino un hombre que recibió una revelación de Cristo.

Amado lector: quizás hoy atraviesas una crisis, tal vez tus redes parecen vacías, y ya hiciste todo lo que sabes hacer sin ver resultados. Pero Dios no desperdicia ninguna crisis, y lo que parecía una derrota puede terminar siendo un encuentro con Él. Cuando Jesús es revelado en medio de la crisis, las barreras del alma se derrumban y el corazón descubre que el mayor milagro no es lo que Dios puede dar, sino conocer más profundamente a Aquel que lo da. Amen.

Romanos 11:36 RVR1960|Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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