Hebreos 11:1 TLA|Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver.
La fe no es una emoción, ni un pensamiento positivo, ni una ilusión espiritual; la fe es una realidad interna que sostiene al creyente cuando todo a su alrededor parece contradecir lo que Dios ha dicho. Es la capacidad divina de ver lo invisible como si ya fuera visible, de abrazar una promesa antes de que esta se materialice y de descansar en una palabra cuando las circunstancias gritan lo contrario.

Muchos quieren resultados visibles, pero no todos están dispuestos a caminar en lo invisible. La fe comienza donde terminan los sentidos naturales. Cuando no ves, no sientes, no entiendes, es ahí donde comienza la verdadera fe. Porque esta no se basa en evidencias externas, sino en la fidelidad de Dios, y lo que Dios dijo, aunque tarde, se cumplirá.
Habacuc 2:3 RVR1960|Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.
Notemos esto:
I- La fe es certeza aunque no haya resultados visibles. La palabra certeza implica seguridad, firmeza, una convicción que no se mueve. No es quizás Dios lo hará, es estar convencido de que Dios lo hará, aunque todavía no lo vea. La fe no necesita pruebas visibles para sostenerse, porque su fundamento no está en lo que ocurre, sino en quién lo prometió. Aquí es donde muchos fallan: creen mientras ven señales, pero cuando todo se detiene, su fe se debilita. Sin embargo, la fe verdadera se fortalece en el silencio de Dios. Es en ese lugar donde el alma aprende a descansar sin respuestas, a confiar sin explicaciones y a seguir caminando aunque no haya evidencia. La fe no niega la realidad, pero tampoco se somete a ella; esta establece una realidad superior basada en la palabra de Dios. Por eso el creyente puede estar en medio de la escasez y aún declarar provisión, puede estar en medio de la enfermedad y aún declarar sanidad, puede estar rodeado de puertas cerradas y aún creer que Dios ya las abrió; porque la fe no espera ver para creer, sino que cree para ver.
II- La fe es la convicción interna que desafía lo externo. La convicción es algo profundo, es una certeza que nace en el espíritu y se establece en el corazón. No depende de emociones cambiantes ni de circunstancias favorables. Es una decisión espiritual creerle a Dios por encima de todo. El mundo vive por lo que ve, pero el hijo de Dios vivimos por lo que creemos. Aquí es donde la fe entra en guerra con la lógica humana, porque muchas veces lo que Dios promete no tiene sentido en el momento presente. Pero la fe no necesita lógica, sino revelación, porque cuando Dios habla, la fe se activa, y cuando la fe se activa, el temor pierde fuerza.
La convicción interna te sostiene cuando nadie más cree contigo, cuando no hay apoyo, cuando incluso tu entorno duda. Es esa voz interna que te dice: Dios no ha terminado. La convicción es lo que mantuvo a hombres y mujeres de Dios firmes en medio de procesos largos, pruebas intensas y momentos oscuros. Aunque todo afuera parecía muerto, algo adentro seguía vivo, y esa es la fe: una llama que no se apaga y una convicción que no te permite retroceder.
III- La fe es el puente entre la promesa y el cumplimiento. Todo lo que Dios promete pasa por un proceso antes de manifestarse, y ese proceso se atraviesa por la fe. La fe es el puente que conecta lo que Dios dijo con lo que tus ojos verán, porque sin fe, la promesa se queda solo como una idea. Pero ese puente no siempre es cómodo, hay momentos de espera, de silencio, de prueba; y es ahí donde muchos abandonan la palabra y se rinden antes de ver el cumplimiento de la misma; pero el que camina en fe sigue avanzando, aunque no vea el final.
La fe te hace caminar sobre lo que aún no existe, te hace declarar lo que aún no se manifiesta, y te hace perseverar cuando todo parece detenido. Y mientras caminas en fe, Dios está obrando en lo invisible; aunque no lo veas, Dios ya está alineando circunstancias, moviendo piezas, para manifestar Su cumplimiento. La fe no acelera el tiempo de Dios, pero si te sostiene hasta que llegue el cumplimiento; y cuando llega, te das cuenta de que cada paso de fe valió la pena.
Amado lector: La fe no es algo opcional en la vida del creyente, sino esencial. Sin fe, te rindes, dudas, ves problemas; pero cuando caminas en fe, vas a perseverar; caminaras confiando en cumplimiento de la Palabra. La fe es lo que te mantiene firme cuando todo es incierto, lo que te levanta cuando todo parece caerse, lo que te impulsa a seguir cuando no hay fuerzas. Dios no te llamó a caminar por vista, te llamó a caminar por fe, y aunque hoy no veas lo que esperas, si Dios lo prometió, puedes estar seguro de que en el tiempo correcto se manifestará. No abandones la fe en medio del proceso, porque lo que hoy es invisible, mañana será una realidad evidente. Sigue creyendo, sigue declarando, sigue caminando, porque la fe nunca termina en fracaso cuando está puesta en Dios. Amen.
2 Corintios 5:7 RVR1960|(porque por fe andamos, no por vista);
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
TLA|Traducción en lenguaje actual
RVR1960 | Reina-Valera 1960