Hechos 16:16 RVR1960|Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
Este pasaje de la Biblia nos revela que cada vez que un creyente se dispone a orar con intención, el reino de las tinieblas reacciona. Pablo y Silas no iban a ninguna actividad secular, iban a la oración, y fue precisamente en ese camino donde se manifestaron fuerzas espirituales contrarias, para estorbarle en el camino.
La oración no es un acto religioso pasivo, es una confrontación directa contra el mundo de las tinieblas. Por eso, cuando un cristiano decide avanzar en intimidad con Dios, inevitablemente enfrentará oposición, obstáculos, que pareciera no tener fin; sin embargo, también es allí donde se manifiesta la autoridad suprema del nombre de Jesucristo, el nombre que está por encima de todo nombre, ante el cual toda rodilla se doblara y todo espíritu tiene que sujetarse.

Notemos esto:
1- La oración auténtica provoca reacción en el mundo espiritual. No es casualidad que la joven con espíritu de adivinación apareciera justo cuando ellos iban a orar. Esto nos enseña que el enemigo no se inquieta por actividades superficiales, pero sí se levanta cuando alguien decide entrar en una dimensión de oración profunda. Cuando oras con autoridad, con fe y con entendimiento, estás invadiendo territorios que estaban bajo influencia de las tinieblas. Por eso, muchas veces antes de un avance espiritual vienen ataques, distracciones o confrontaciones. No es retroceso, es evidencia de que estás tocando algo en el mundo espiritual, que está desenmascarando, exponiendo y desestabilizando las obras del enemigo.
2- Atacar las tinieblas en oración requiere discernimiento y cobertura espiritual. Pablo no reaccionó de inmediato; la Biblia dice que esto ocurrió durante varios días. Esto indica que no todo ataque debe enfrentarse impulsivamente, sino guiados por el Espíritu Santo. Hay momentos en los que el creyente debe esperar, observar y discernir el tiempo correcto para actuar, porque cuando llega ese momento, la autoridad se ejerce con firmeza. Pablo se volvió y dijo: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. No fue en su fuerza, ni en su experiencia, sino en el nombre de Jesucristo. Enseñándonos que no peleamos con recursos humanos, sino bajo la cobertura del cielo; porque cuando oramos, debemos estar cubiertos espiritualmente, alineados con Dios y conscientes de que estamos representando el Reino de Cristo.
3- El nombre de Jesucristo tiene autoridad absoluta sobre todo poder demoníaco. No hay resistencia en el mundo espiritual cuando se invoca con fe el nombre de Jesús. Ese nombre no es una fórmula, es una persona viva, es la manifestación de la victoria de la cruz. Cuando Pablo habló, el espíritu salió en aquella misma hora, porque los demonios no pueden resistir la autoridad del nombre de Jesús. Ese nombre quebranta cadenas, expulsa demonios, sana enfermedades y establece el Reino de Dios en la tierra. Todo creyente debe entender que no está desarmado, sino que tiene acceso al nombre que gobierna sobre los cielos, la tierra y debajo de la tierra. Cada vez que oras en ese nombre, estás activando una autoridad legal en el mundo espiritual.
Amado lector: Cuando decides vivir una vida de oración, debes saber que enfrentarás oposición, pero también debes tener la certeza de que la victoria ya te fue dada en Jesucristo. No retrocedas ante los ataques, entiende que son evidencia de que estás avanzando. Cúbrete en Dios, camina en discernimiento y levanta tu voz con autoridad. Porque no es en tu nombre, es en el nombre de Jesucristo, el nombre que está sobre todo nombre, el nombre ante el cual los demonios tiemblan y tienen que huir. Ese nombre es tu victoria, tu defensa y tu autoridad. Ora, resiste y declara con fe, porque en Cristo ya has vencido. Amen.
Filipenses 2:9-11 RVR1960| 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960