Levítico 6:13 RVR1960|El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.
En el orden divino, el altar siempre viene antes que la unción. En la Biblia, el altar representa entrega, sacrificio, consagración y encuentro con Dios, y la unción representa capacitación, respaldo y manifestación del Espíritu Santo. Dios nunca derrama aceite sobre un corazón que no ha sido primero rendido en Su presencia.El altar es el lugar donde algo muere, donde se consume la autosuficiencia, donde se trata con el carácter, y la unción es el lugar donde algo comienza, donde la unción activa la dependencia del Espíritu Santo. Cuando se invierte el orden, la unción se vuelve peligrosa, porque sin altar no hay pureza para sostenerla. El fuego debía arder continuamente; esto revela que la vida espiritual no puede sostenerse solo con momentos de inspiración, sino con una consagración constante.

El altar no es un evento emocional, es una postura permanente del corazón; porque antes de que Dios use públicamente a alguien, lo llama primero al fuego privado del altar; allí se purifican motivaciones, se alinean deseos y se entrega todo aquello que compite con la voluntad divina. El altar no es pérdida, es preparación. La unción no es recompensa, es responsabilidad, y en el Reino, la responsabilidad siempre se deposita sobre corazones que primero aprendieron a arder en el fuego del altar.
Notemos esto:
I- El altar es el lugar donde el yo es rendido antes de que el Espíritu sea derramado. En el Antiguo Testamento, ningún sacrificio podía ofrecerse sin pasar por el altar; era el punto de transición entre lo humano y lo divino. Espiritualmente, el altar representa la rendición total del yo: ambiciones, heridas, planes personales y deseos ocultos. La unción no puede reposar plenamente sobre un corazón dividido; antes que David fuera reconocido como rey, aprendió a rendirse en adoración; antes de que Elías descendiera fuego del cielo, levantó primero un altar restaurado; antes de Pentecostés, hubo diez días de espera y consagración. El altar trata con la carne, si el yo no es rendido, la unción alimentara el ego; pero si el yo es crucificado, la unción glorifica a Dios. En el altar se aprende obediencia, disciplina constante y entrega sin aplauso, allí el corazón es examinado y purificado. El altar no siempre es visible para otros, pero es evidente para Dios; y cuando el corazón ha sido consumido por el fuego de la consagración, entonces el aceite encuentra un lugar seguro donde reposar.
II- El fuego del altar purifica lo que la unción después respaldará. El fuego continuo sobre el altar simboliza la obra purificadora de Dios. El fuego consume las impurezas, ajusta prioridades y expone lo que debe ser transformado. Muchas veces se desea la unción para hacer grandes cosas, pero se evita el fuego que limpia motivaciones incorrectas. El altar no solo recibe sacrificios; produce transformación. La unción no sustituye el fuego; lo confirma, porque aquello que no es tratado en el altar puede convertirse en debilidad cuando la unción se manifiesta. El fuego continuo representa constancia espiritual: oración perseverante, el arrepentimiento sincero, la búsqueda genuina; cuando el altar permanece encendido, el corazón permanece sensible, y un corazón sensible es el terreno ideal para que el Espíritu Santo repose.
III- La unción es consecuencia de una vida que arde primero en el altar. En la dinámica divina, el aceite fluye después del sacrificio. En el tabernáculo, primero había derramamiento de sangre y fuego; y luego venía la consagración sacerdotal con aceite. Este orden revela que la unción no es un sustituto del compromiso, sino el resultado de él. Cuando una persona vive en rendición constante, la unción no se convierte en un espectáculo sino en un servicio a otros.
El altar diario puede manifestarse en decisiones pequeñas: perdonar cuando cuesta, obedecer cuando incómoda, servir cuando nadie ve; esas decisiones, por muy pequeñas que se vean, alimentarán el fuego interno, dejando de ser una unción momentánea, para convertirse en sostenible. Cuando aprendemos a descansar en Dios priorizamos el corazón antes que la plataforma, porque la verdadera autoridad espiritual nace de una vida que primero fue consumida por Dios.
Amado lector: El altar precede a la unción porque el carácter debe sostener lo que el Espíritu derrama, sin altar, la unción se vuelve carga; pero en él la unción se convierte en bendición. El fuego continuo simboliza una vida de consagración que no depende de emociones pasajeras, sino de convicciones profundas. La historia bíblica confirma que antes de cada manifestación poderosa hubo un altar levantado, una vida privada de rendición, porque la unción no es el inicio del proceso, es la confirmación de que el corazón ya fue entregado. Cuando este permanece activo, la unción fluye con pureza y propósito; el fuego nunca se apagará, porque donde el altar arde continuamente, el aceite nunca falta. Amen.
Romanos 12:1 RVR1960|Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960