1 Samuel 18:10–11 RVR1960|10 Aconteció al otro día, que un espíritu malo de parte de Dios tomó a Saúl, y él desvariaba en medio de la casa. David tocaba con su mano como los otros días; y tenía Saúl la lanza en la mano. 11 Y arrojó Saúl la lanza, diciendo: Enclavaré a David a la pared. Pero David lo evadió dos veces.
El palacio no siempre es un lugar de descanso; a veces es el escenario donde se revela lo qué hay realmente en el corazón de las personas. David fue llevado al palacio no como rival, sino como siervo con su arpa. Su música traía alivio espiritual, descanso y libertad, mientras que el interior de Saúl se volvía cada vez más caótico. La escena era poderosa, pero dolorosa a la vez, porque mientras David adoraba, Saúl sostenía una lanza.

¡Que fuerte!, pero esto nos revela que dos personas pueden estar en el mismo lugar, bajo el mismo techo y ante la misma presencia de Dios, pero responder de maneras completamente distintas ante los procesos. El problema de Saúl no era la música de David, ni la apariencia del mismo, sino su falta de identidad que lo llevaba a compararse con otros. Nunca te compares con los demás para medir la bendición que Dios derramó sobre otros, recuerda que tú eres único con un diseño maravilloso creado por un Dios perfecto.
NOTEMOS ESTO:
1- El instrumento que sostienes, revela el estado de tu corazón.
Saúl estaba dentro del palacio, un lugar donde debía gobernar con sabiduría, paz y dirección espiritual, pero este se mantenía a la defensiva con una lanza en la mano. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué este rey había asumido esa actitud?, y la verdad es clara, porque cuando una persona pierde la intimidad con Dios, reemplaza la adoración por el control y la confianza en sus capacidades naturales. Saúl necesitaba revelar su corazón a Dios, levantar su mejor adoración, pero escogió una lanza, creyendo que esto le traería liberación; pero entendamos que el arpa libera, pero la lanza hiere.
El arpa expulsa demonios, pero la lanza intenta matar propósitos. Cada temporada demanda un instrumento correcto, pero cuando usamos el arma equivocada en el lugar equivocado, terminamos atacando lo que Dios envió para sanarnos. David entendía que su arma en el palacio no era la espada, sino la adoración, pero Saúl se convirtió en una amenaza para aquello que debía proteger.
2- David esquivó la lanza, pero no abandonó su asignación.
El texto dice que Saúl intentó enclavar a David en la pared, no una, sino varias veces. David tuvo razones de sobra para irse, para responder con ira o para rebelarse. Sin embargo, esquivó la lanza sin soltar el arpa. Esto nos revela que David sabía que su asignación no dependía del trato justo de Saúl, sino del llamado eterno de Dios. Él se protegió físicamente, pero no endureció su corazón. Muchos saben esquivar ataques externos, pero pocos saben proteger su interior. David no permitió que la agresión definiera su respuesta, sino que siguió sirviendo incluso en medio del peligro, entendiendo que su fidelidad no era a un hombre, sino al propósito que Dios estaba formando en él.
3- El corazón de David nunca se contaminó con el rencor de Saúl.
Y esta fue la mayor victoria de David; no Goliat, sino el no darle espacio al resentimiento. Saúl lanzó lanzas, dejó que el celo creciera hasta convertirse en odio; pero David no lanzó amargura, sino que dejó que la adoración guardará su corazón. La diferencia entre ambos no fue el entorno, sino la respuesta interior. David entendió que permitir que el rencor entrara en su corazón sería más peligroso que la lanza en la mano de Saúl. Por eso honró al ungido, aun cuando ese ungido estaba fragmentado. David no negó el dolor, pero eligió no vivir desde él, sino proteger su unción.
Amado lector, todos, en algún momento, estaremos en un palacio donde alguien sostendrá una lanza contra nosotros. La pregunta no es si habrá lanzas, sino qué sostendremos nosotros. Saúl perdió su reino porque cambió la adoración por el control; en cambio David heredó el trono porque eligió el arpa aun cuando la lanza volaba hacia él. Así que no permitas que el odio ajeno nos convierta en personas armadas por dentro; cuando decides adorar en medio del ataque, tu corazón se mantiene sano y tu destino permanece intacto y verás a Dios obrando a tu favor con milagros y señales extraordinarias. Sigue tocando el arpa, cuida tu corazón y confía, porque Dios defenderá a todo aquel que ha sido ungido por El.
Deuteronomio 31:6 RVR1960|Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960