Marcos 5:25–27 RVR1960|25 Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, 26 y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27 cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.
No todas las heridas se ven, sino que están ocultas y con el pasar del tiempo, las hemos mantenido invisibles para otros. La mujer del flujo de sangre llevaba doce años así, perdiendo la vida poco a poco, agotando recursos, fuerzas y esperanza. Nadie lo notaba del todo, pero su condición la iba vaciando por dentro.

Notemos esto: Doce años es mucho tiempo, es suficiente para normalizar el dolor, para aprender a vivir sangrando, y aceptarlo como rutina, cuando esa no ha sido nunca la voluntad de Dios. Y aunque esta historia habla de una mujer, también habla de hombres y mujeres que hoy siguen caminando mientras por dentro algo sigue perdiéndose; la fe, el gozo, la identidad, el propósito, son sangrados que no manchan la ropa, pero desgastan espiritualmente el alma.
Ella no solo estaba enferma físicamente; estaba afectada espiritual y socialmente. Según la ley, su condición la mantenía apartada, señalada, aislada. Sangraba y además cargaba vergüenza, rechazo y dolor. Así sucede con muchos hoy, la herida no solo duele, también separa. Pero un día escuchó que Jesús pasaba; no fue invitada, ni mucho menos Jesus la llamó por su nombre. Ella simplemente oyó que Él estaba cerca, y eso fue suficiente para encender algo que aún no había muerto dentro de ella, y esta era su fe; porque cuando Jesús está cerca, aún el que ha sangrado por años puede creer otra vez.
Dios no ha terminado contigo, puede que el profeta no te llame por tu nombre, pero Dios te ha llamado hija, así cómo lo hizo con esta mujer, porque sabía que debía devolverle la identidad que había perdido.
Lucas 8:47-48 RVR1960| 47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
Amado lector, este devocional no es para quienes nunca han sido heridos, sino para quienes llevan tiempo sangrando en silencio, quienes a pesar de esta orando, intentado, esperado, y aún así siguen perdiendo fuerzas. Hoy el mensaje no es aguantar un poco más, sino acércate a Jesús, porque Él no rechaza al que sangra, ni mucho menos se escandaliza con la herida que has venido arrastrando desde hace años, Dios quiere detener sangrados que llevan años abiertos. Pregúntate hoy, ¿Qué área de mi vida ha estado sangrando por mucho tiempo, y he aprendido a callar en lugar de traerla a Jesús?
Oremos juntos, Padre Celestial, tú conoces mis sangrados ocultos, mis heridas antiguas y mis fuerzas gastadas; hoy decido acercarme a ti tal como estoy. Aunque haya pasado mucho tiempo, creo que tu poder sigue siendo suficiente para restaurar. Señor, sáname y fortalecenos en ti. En el nombre de Jesus. Amén.
Salmos 34:18 RVR1960|Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.
Con amor,
Sandra Patricia Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960