¿Estamos construyéndole un trono a las riquezas?

Mateo 6:24 RVR1960|24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.[a]

Hay una realidad espiritual que muchas veces pasa desapercibida, y es que el corazón humano siempre está construyendo un trono. Fuimos diseñados para adorar, para rendirnos, para depender; la pregunta no es si tendremos un señor, sino, ¿cuál será ese señor? Jesús no presenta a las riquezas como un simple objeto neutral, sino como un competidor directo del señorío de Dios. Revelándonos que el dinero puede adquirir dimensión espiritual cuando ocupa el lugar de confianza absoluta.

Construir un trono a las riquezas no comienza con abundancia, comienza con desconfianza; este comienza cuando el alma deja de descansar en la paternidad de Dios y empieza a buscar seguridad en lo financiero. Mamón no necesita que la persona sea millonaria; le basta con que su seguridad emocional dependa más del ingreso económico que de la presencia de Dios. Así, lentamente, el corazón desplaza a Dios del centro y entrona a todo aquello que promete control, estabilidad y poder inmediato.

Notemos esto:
I- El trono se construye en la mente
Toda idolatría comienza como una idea. Mamón trabaja primero en la estructura mental, implantando la convicción de que la vida se sostiene por esfuerzo humano y no por gracia divina. Introduce pensamientos de autosuficiencia, independencia absoluta y te lleva a calcular con lo que tienes, y no desde la fe. La Biblia nos advierte en Deuteronomio 8:18:Acuérdate del Señor tu Dios. Él es quien te da las fuerzas para obtener riquezas, a fin de cumplir el pacto que les confirmó a tus antepasados mediante un juramento.

Y allí está la raíz del problema: Olvidar. Cuando lo hacemos, olvidamos que la capacidad proviene de Dios, comenzamos a atribuirnos el mérito y a desplazar la dependencia en autosuficiencia. La mente empieza a planificar sin oración, a proyectar sin consultar y a decidir sin buscar la dirección del Espíritu Santo. Allí se coloca el primer ladrillo del trono y la confianza es transferida al sistema del mundo; y lo más peligroso es que este proceso parece prudencia, pero en realidad es una independencia espiritual disfrazada.

II – El trono se afirma en el corazón
Lo que la mente tolera, el corazón lo entrona. El problema no son las posesiones, sino la devoción. En 1 Timoteo 6:10 nos dice: porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Mamón convierte la bendición en obsesión y la provisión en identidad; cuando el corazón empieza a medir su valor por lo que tiene, la riqueza deja de ser herramienta y se convierte en ídolo, surgiendo en nosotros el temor a perderlo todo, la ansiedad por acumular y la comparación constante con otros. La generosidad comienza a doler y la gratitud se debilita. El corazón, diseñado para confiar en Dios, empieza a latir al ritmo de la economía, y allí el trono ya no es simbólico; es real, porque gobierna emociones, decisiones y prioridades. ¡Examinate!, no dejes que el enemigo tenga tu visión y oídos atados. 

III – El trono se consolida en las decisiones
El verdadero señorío se revela en las decisiones prácticas. Mamón se consolida cuando elegimos lo rentable sobre lo obediente, cuando postergamos el llamado por seguridad financiera, damos sólo si nos sobra. Pero la Palabra nos enseña que el Reino de los cielos opera de otra manera Filipenses 4:19, dice: Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Cuando esta verdad se convierte en convicción, el corazón descansa y la vida se alinea con el propósito eterno. Cada acto de generosidad es una declaración de guerra espiritual; cada decisión basada en fe es un golpe contra el trono de Mamón y cada paso de obediencia, aunque no sea rentable es una proclamación de que Dios sigue siendo tu Rey. El contentamiento se vuelve arma, la gratitud se vuelve escudo y la confianza se vuelve fundamento.

Amado lector, construir un trono a las riquezas es un proceso silencioso, pero destruirlo es un acto intencional y público. No se derriba con pobreza externa, sino con rendición interna al Espíritu Santo. No se vence rechazando el dinero, sino sometiéndolo al señorío de Cristo. El dinero es un excelente siervo, pero un tirano terrible cuando gobierna nuestro corazón. Nos promete seguridad, pero no puede garantizarnos paz; nos promete poder, pero no puede otorgarnos propósito; nos promete control, pero no puede ofrecernos eternidad. Solo Dios puede sostener el alma en tiempos de abundancia y en tiempos de escasez. Cuando Dios está en el trono, las riquezas encuentran su lugar correcto, como instrumento y recurso, y no como identidad y refugio.

Hoy el Espíritu nos llama a examinar el altar del corazón. ¿Qué determina nuestras decisiones? ¿Qué define nuestra tranquilidad? ¿Qué ocupa nuestros pensamientos más persistentes? El corazón solo tiene espacio para un Rey. Si Dios reina, habrá libertad aun en medio de desafíos económicos. Si Mamón reina, habrá ansiedad aun en medio de la abundancia, por eso hoy decidimos destronar toda aquella confianza falsa y restaurar el trono a Aquel que verdaderamente sostiene nuestra vida. Porque donde Dios gobierna, hay paz, hay propósito y hay verdadera prosperidad. En el nombre de Jesus. Amén.

Santiago 1:25 NTV|Pero si miras atentamente en la ley perfecta que te hace libre y la pones en práctica y no olvidas lo que escuchaste, entonces Dios te bendecirá por tu obediencia.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960
NTV|Nueva Traducción Viviente

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