Deja de escuchar la intimidación del enemigo

1 Samuel 17:37 RVR1960|Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.

David no apareció en el valle como un improvisado espiritual; llegó como el resultado de una vida procesada en comunión con Dios. El Espíritu Santo no se manifestó en David cuando este vio a Goliat; ya dirigía su vida cuando nadie lo veía en el campo. El oso, el león y el gigante no fueron casualidades: fueron una secuencia divina; porque Dios no revela a un ungido sin antes formarlo, ni lo expone sin antes tratarlo por dentro. Por eso, antes de exhibirlo, primero tuvo que vencer batallas invisibles que definieron su fe.

NOTEMOS ESTO:
1 – Antes de vencer el gigante de afuera, debo vencer lo que gobierna mi interior.
David tuvo que enfrentar primero al oso y al león porque esas batallas no eran externas solamente, eran internas. En el campo, David aprendió a dominar su carne, su miedo y su reacción natural. El oso y el león representan todo aquello que intenta gobernarnos cuando nadie nos observa: el temor silencioso, la duda escondida, la carne que quiere huir en vez de creer.Si no vencemos lo interno, lo externo siempre nos mantendrá paralizado.

Muchos no caen ante el gigante porque Dios no esté con ellos, sino porque su interior todavía está gobernado por la carne y no por el Espíritu. David aprendió a caminar con el Espíritu en el campo, para no ser gobernado por la carne y el miedo en el valle; él no se paralizó al ver a Goliat, ya él había vencido dentro de sí aquello que podía impedirle creerle a Dios y creer en Dios.

Gálatas 5:16 RVR1960|Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

2 – La batalla de palabras revela quién gobierna el corazón
Goliat intentó ganar la guerra antes de pelearla, usando palabras. La intimidación siempre busca entrar por el oído para establecer dominio sobre el corazón. El pueblo de Israel escuchó al gigante durante cuarenta días y quedó paralizado. David lo escuchó una vez y respondió con fe. La diferencia no fue el tamaño del gigante, sino lo que habitaba en su corazón. Cuando David habló, no improvisó, sino que expulsó lo que ya estaba dentro de él; porque la boca no crea la fe, la revela. David cerró su oído a la voz que intimidaba y abrió su boca para declarar lo que había sido cultivado en oración, porque el que ora con el Espíritu Santo no repite lo que el enemigo dice; declara lo que Dios ha dicho. La fe no se activa en el momento de hablar, se forma en la comunión constante con Su Presencia. 

Mateo 12:34 RVR1960|¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

3 – El ungido no es reconocido cuando es ungido, sino cuando derriba lo que otros no pudieron
Y aquí vemos una poderosa revelación, y es que David ya era ungido, pero nadie lo sabía. Había aceite sobre su cabeza, pero no había reconocimiento sobre su vida. Ni Saúl, ni sus hermanos, ni el ejército creían en él; porque el ungido no es celebrado cuando es ungido en secreto, sino que es visto cuando el gigante cae en público. Dios permite que el ungido enfrente gigantes que otros no pueden derribar, porque la autoridad no se explica, se evidencia. Si aún no has sido exhibido, no es porque no hayas sido ungido, sino porque aun no estas preparado para ser visto por la multitud. Dios conoce el momento oportuno, porque muchos no creerán por tu testimonio, sino cuando ven el resultado. El respaldo del cielo se vuelve creíble para muchos, cuando sus ojos pueden ver lo imposible. 

Amado lector: Cuando el gigante cayó, Israel entendió algo que antes no veía: Dios estaba con David. Muchos no creerán en tu unción cuando Dios te unge, ellos creerán cuando vean caer lo que ellos no pudieron vencer. Recuerda que el oso te forma, el león te procesa, y el gigante te revela. El entrenamiento del Espíritu Santo en secreto no es para glorificarte a ti, sino para glorificar a Dios en público. y cuando el gigante cae, no es para exaltar al hombre, sino para que todos entiendan, que Dios sigue respaldando a los que caminan con Él. Amado, es tiempo que todo gigante que te ha hecho la guerra en tu familia, en tu llamado y en tu vecindario, caiga en el nombre de Jesús. Amen. 

1 Samuel 17:50–51 RVR1960|50 Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano. 51 Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron.

Con amor,
Fabio R. Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960

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