1 Samuel 17:17–20 RVR1960|17 Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos. 18 Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.
La fe no es pasiva ni contemplativa; es una fe que camina, que responde y que se mueve cuando Dios habla, aun cuando la instrucción fuese pequeña o sin gloria. Muchas veces imaginamos que las grandes oportunidades nacen de grandes decisiones, pero en el Reino de los cielos, los momentos que cambian el destino suelen estar escondidos dentro de esos pequeños actos de obediencia. David no fue al campo de batalla buscando un gigante ni una corona; fue porque su padre le ordenó llevar pan y provisiones a sus hermanos y militares. Sin embargo, en esa obediencia cotidiana estaba contenida la puerta hacia la revelación de lo que él ya portaba. La fe que Dios honra no es solo la que cree, sino la que obedece sin saber lo que vendrá después.

Notemos esto:
1. La fe que obedece no menosprecia las instrucciones pequeñas. La orden de Isaí no tenía nada de heroica: llevar comida. No había profecía, ni promesa explícita, ni reconocimiento público; era una tarea común e invisible. Sin embargo, David entendía algo que muchos pierden, y es que toda instrucción tiene valor cuando proviene de una autoridad establecida por Dios. La fe verdadera no selecciona qué órdenes obedecer según su conveniencia o apariencia espiritual. David no dijo: Ya fui ungido, ya tengo una mayor asignación, esto ya no está a mi nivel; sino que mantuvo su humildad para obedecer sin cuestionar la orden. Dios mira como respondemos a las instrucciones pequeñas, porque allí se revela si nuestro corazón está preparado para las grandes asignaciones .
2- La fe que obedece también es responsable con lo que se le confía. El texto dice algo que no es un detalle menor: Dejó las ovejas al cuidado de un guarda. Esto nos revela que David no abandonó lo que tenía en sus manos por correr hacia algo nuevo; no usó la obediencia como excusa para ser irresponsable con su asignación. Un hombre y una mujer de fe no descuida lo presente por lo futuro; honra ambos y sabe cómo manejarlo, sin perder. David entendía que obedecer a su padre no significaba descuidar el rebaño que Dios ya le había confiado; muchos quieren nuevas oportunidades, pero descuidan las responsabilidades actuales. Dios no promueve a quien abandona, sino a quien administra fielmente. Esta acción mostraba que David estaba listo para más, porque sabía cerrar bien una etapa antes de entrar en otra.
3 – La fe que obedece te coloca en el lugar donde Dios revela lo que portas. David llegó al campo de batalla no como guerrero, sino como mensajero, sin embargo, fue precisamente esa obediencia la que lo colocó frente al momento que revelaría su identidad espiritual. Él no fue buscando fama; la obediencia lo posicionó en el escenario donde su fe fue expuesta. El gigante ya estaba allí, pero allí también estaba alguien valiente, que tenía confianza en Dios; lo que David hizo frente a Goliat no nació ese día, solo salió a la luz ese día. Cuando obedecemos, Dios nos lleva a lugares estratégicos donde lo que hemos cargado en lo oculto se manifiesta en lo público. La oportunidad en tu vida no es casualidad, es la consecuencia de tu obediencia y humildad que mostraste ante la orden de tu autoridad
Amado lector: La fe que Dios honra es una fe que se levanta temprano, obedece sin aplausos, cuida lo que se le ha confiado y camina aunque no vea los resultados inmediatos. David no sabía que ese día cambiaría su destino, pero fue esa obediencia la que lo condujo al momento donde Dios reveló quién era realmente. Hoy, Dios sigue usando instrucciones sencillas para llevarnos a escenarios; así que no desprecies el pan que llevas, ni el rebaño que cuidas, ni la orden que parece común, porque la fe que obedece abre puertas que ninguna ambición puede forzar, y coloca al creyente exactamente donde Dios quiere revelar lo que ha depositado en él. Amen.
Con amor,
Fabio R. Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960