Isaías 55:11 RVR1960 | así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
Muchos de nosotros hemos experimentado momentos donde no es el enemigo quien los detiene, ni las circunstancias, ni mucho menos la falta de oportunidades, sino nuestras propias palabras. En ocasiones no avanzamos porque nuestra boca se alinea más con el miedo que con la fe, y esta verdad incómoda es que Dios ya determinó cosas sobre nosotros que nuestra boca las está saboteando.
La Palabra de Dios no vuelve vacía; pero nuestras palabras, sí, Su Palabra crea caminos; mientras que las nuestras pueden terminar bloqueándolos. Su Palabra afirma; las nuestras invalidan; por eso, a veces no estamos luchando contra gigantes externos, sino contra pequeñas frases internas que apagan y hacen menguar nuestra fe. El problema no es que Dios no hable; el problema es que nosotros cancelamos lo que Él dijo con lo que nosotros decimos.

Notemos esto:
Tu boca revela dónde realmente estás creyendo. Podemos decir que confiamos en Dios, pero la boca siempre traiciona la verdadera condición del corazón. Lo que repites cuando nadie te ve, lo que dices cuando estás cansada, en lo que confiesas cuando estás frustrado, revela si tu fe se sostiene en la Palabra o en el temor. Jesús dijo que de la abundancia del corazón habla la boca (Leer Mateo 12:34), y esa es la radiografía más honesta de nuestra fe. Si tus palabras siempre se inclinan hacia el no puedo, no creo, no va a pasar, no es la situación la que te limita, es tu boca la que está neutralizando lo que Dios ya anunció.
Tus palabras pueden hacer acuerdo con el cielo o con el enemigo. La murmuración, la queja, el negativismo y la incredulidad no son simples emociones, son acuerdos espirituales con los que te estás enlazando. Israel salió de Egipto por una palabra, pero no entró a la tierra prometida por sus palabras. No fueron los gigantes quienes los vencieron, fueron las opiniones que ellos mismos pronunciaron sobre sí, distorsionando lo dicho por Dios. Mira, lo que tú digas tiene el poder de abrir una puerta o cerrarla.
Por eso Proverbios 18:21 dice: La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos. Tú decides con qué reino haces acuerdo cada vez que hablas.
La Palabra de Dios no necesita tu lógica, necesita tu alineación. El cielo no funciona bajo razonamientos humanos. La Biblia nos recuerda que sus pensamientos y caminos no son los nuestros. Muchas veces limitamos lo que Dios quiere hacer porque nuestra boca quiere entender antes de obedecer. Siempre estamos en el que queremos ver evidencia, confirmación, antes de creer; pero la fe auténtica no nace en la mente, nace en el espíritu, y cuando tu boca se alinea con la Palabra, aunque tu mente no entienda, el milagro comienza a manifestarse.
Isaías 55:8-9 RVR1960| 8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
Lo que Dios dijo tiene más autoridad que lo que tú dices. Esto confronta, pero libera: tu opinión no cancela el plan de Dios, pero sí puede retrasar tu entrada en él. La Palabra que Dios envía es irrevocable, poderosa y efectiva. No necesita tu permiso, pero sí tú acuerdo; aquello que Dios habló sobre tu casa, tu propósito, tus finanzas, tu salud, tu ministerio y tu futuro, ya está determinado; pero si tu boca sigue declarando derrota, te estás ubicando fuera de lo que Dios ya estableció; la boca no cambia el decreto del cielo, pero sí puede posicionarte fuera de su cumplimiento.
Jeremías 1:12 RVR1960 |Y me dijo Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro[a] mi palabra para ponerla por obra.
Amado lector, quizás tú has estado orando por cambios, pero tus palabras los están atrasando; quizás estás creyendo por una puerta, pero sigues hablando como si estuviera cerrada; Dios hoy te llama a revisar tu boca, porque Él te quiere posicionar en lo que ya determinó. No permitas que la duda, el cansancio o las emociones momentáneas te hagan hablar en contra de tu propia promesa. Conecta tu boca con la Palabra, porque lo que Dios dijo está firme, lo único que falta es que tú lo declares. Oremos juntos: Padre Celestial, hoy te entrego mi boca, mis palabras y mis confesiones. Perdóname por cada vez que hablé desde el miedo y no desde la fe. Alinea mi corazón con tu Palabra para que mi boca sea instrumento de vida y no de límite. Enséñame a declarar lo que tú dijiste, aunque todavía no lo vea; que mis palabras se sujeten a tu verdad y que nada de lo que diga bloquee lo que tú ya determinaste sobre mí, en el nombre de Jesús, amén.
2 Corintios 4:13 RVR1960 |Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
Con amor,
Sandra Patricia Ventura
Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960