Cuando Dios te pregunta: ¿Qué quieres que yo te dé?

1 Reyes 3:5 RVR1960 | Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.

Hay preguntas que cambian una conversación y preguntas que cambian un destino, y esa breve frase que Dios le dijo a Salomón esa noche en sueño no es una frase cualquiera, ni mucho menos un gesto de cortesía, era el Dios eterno, el Creador del universo, haciendo una pregunta que revelaba Su disposición de abrir una puerta sobrenatural, a este hombre que lo amaba. 

Muchos reyes en la historia pronunciaron palabras similares; Herodes prometió hasta la mitad del reino (Leer Marcos 6:23), pero sus palabras estaban contaminadas por el orgullo y la manipulación; el rey Asuero ofreció un favor a Ester (Leer Ester 5:3), pero aun siendo rey, sus recursos eran limitados. Pero aquí no se trata de un hombre con poder terrenal, era Dios mismo diciéndole: Pide lo que quieras que Yo te dé. Dios no tiene limitaciones, ni protocolos, ni mucho menos condición humana, es el cielo abriéndose ante un hombre con un corazón que le cree a Dios. 

Notemos esto:

1. Dios pregunta en momentos estratégicos. Gabaón no fue un escenario casual, fue el altar donde Salomón estaba ofreciendo holocausto a Dios, enseñandonos de esta manera que hay preguntas que Dios solo hace en ambientes donde el corazón demuestra entrega, no ambición. La pregunta de Dios revela que Él ya vio algo en el corazón de Salomón, una disposición a gobernar con justicia, a escuchar, a servir y a honrar el legado de su padre David. Dios no pregunta para informarse; Dios pregunta para revelar lo que está listo para entregar.

2. La pregunta de Dios expone quién realmente eres. Cuando Dios dice: pide lo que quieras, no está abriendo una tienda espiritual, está revelando el contenido del corazón. Porque lo que pedimos habla de: Nuestro nivel de madurez, de comprensión del propósito y de la identidad espiritual para el entendimiento del Reino. Salomón pudo pedir: Venganza, riquezas, poder, hasta larga vida, pero pidió sabiduría para servir. Eso nos muestra que las peticiones maduras atraen respuestas extraordinarias.

3. Dios sigue haciendo esta pregunta hoy, pero no todos la escuchan. No en audibles, no siempre en sueños, pero sí en el espíritu. Cuando Dios te posiciona, te abre una temporada, te lleva a un nuevo nivel, Su voz vuelve a sonar: ¿Qué quieres que Yo te dé?

La diferencia es que muchos están tan cargados, tan distraídos o tan heridos, que no reconocen la invitación divina. Pero si hoy esta palabra te estremece, es porque el Espíritu Santo quiere alinearte a un momento de definición. Dios está preguntando no para que pidas cosas pequeñas, sino para revelar la dimensión de lo que ya preparó para ti. Desconéctate del mundo y empieza a conectarte con Dios. 

4. No es la pregunta lo que determina tu futuro, es tu respuesta. La respuesta de Salomón movió el corazón de Dios. La Escritura dice que agradó al Señor que Salomón pidiera eso. Y tu respuesta también puede agradar, o simplemente pasar por alto la oportunidad. Dios honra la petición que nace de la humildad, la oración que busca propósito y no simplemente alivio, el corazón que pide lo que lo capacitará para servir y la fe que reconoce que el Reino es más grande que el deseo personal, porque lo que pidas, revelara quién eres.

1 Reyes 3:10 RVR1960| Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.

Amado lector, quizás tú has esperado escuchar una palabra profética de un hombre, una promesa, una confirmación, una instrucción; pero hoy Dios mismo te dice: ¿Qué quieres que Yo te dé? Y esto no viene de un hombre con poder temporal, ni de un rey terrenal con límites, viene del Dios que sostiene el universo, que abre puertas, que restaura, que multiplica, que sana y transforma destinos. No respondas a la ligera, ni por emoción, pídele al Espíritu Santo que te ayude, porque Dios quiere escucharte; que tu respuesta no venga desde tu ansiedad. Oremos juntos, Padre Celestial, gracias por acercarte a mí con gracia y con propósito. Enséñame a escuchar tu voz, dame un corazón sabio, limpio y alineado contigo. Quita de mis labios toda petición egoísta y revela lo que debería pedir conforme a tu voluntad. Que yo pueda responderte desde el propósito y no desde la necesidad, y que lo que yo pida hoy agrade tu corazón, así como te agradó la petición de Salomón, en el nombre de Jesús, amén.

Salmos 139:23-24 LBLA| 23 Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. 24 Y ve si hay en mí camino malo[a], y guíame en el camino eterno.

Con amor,
Sandra Patricia Ventura

Abreviaturas de las Biblias utilizadas:
RVR1960 | Reina-Valera 1960
LBLA|La Biblia de las Américas

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