El apóstol Pablo, en su carta a los colosenses, exhorta a vivir de manera digna, agradando a Dios en todo. Esto implica llevar frutos de buenas obras, crecer en el conocimiento de Dios y mantener una relación íntima con Él. La transformación espiritual es un proceso continuo que requiere de intencionalidad y dependencia del Espíritu Santo.